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martes, 9 de septiembre de 2014

Legal man - Belle & Sebastian

Se supone que en algún momento del mes pasado debería haber escrito una crónica (más o menos) seria del que tiene muchos puntos para convertirse en mi concierto de este año (aunque la lucha con el de The National en el Primavera Sound le ponga difíciles las cosas). Así que sólo por el hecho de la gran sorpresa que supuso y por haber albergado mi momento del año justifica que le dedique al menos unas líneas, hoy que por fin encuentro energía e inspiración para hacerlo.



Os pondré en contexto, algo imprescindible para entender la magia de todo. Noche de verano (exactamente, el pasado 26 de Julio). Pueblo de mar. Un escenario en alto, con vistas al mar, al puerto, al pueblo, a los barcos. Al otro lado, un despeñadero coronado por pinos iluminados. Mi amiga Adriana, fan irrefrenable de la banda de Glasgow, me convenció para hacer el viaje hasta Sant Feliu de Guíxols, en la Costa Brava, con el presagio de hacer un fin de semana de playa, concierto y desconexión. Va, tras reconciliarme con ellos el año pasado en el Low Cost de Benidorm se merecían una cuarta oportunidad. Cuatro, que se dice pronto. A saber cuánto volveré a darle tantas oportunidades a una banda.


Os confesaré que, teniendo en cuenta las circunstancias y la esperada familiaridad del evento (sí, porque algo así en Barcelona es impensable y, si os soy sincera, no tendría la misma gracia), yo tenía un objetivo. Sí, Miss Vergüenza pretendía acabar subida en el escenario bailando con Belle & Sebastian. Y no eran fantasías, porque si de algo me había servido verles tres veces antes era para saber que eso siempre ocurría. El escenario invadido de fans bailando con ellos. Porque sí, porque era el momento, la compañía y el lugar para hacerlo. Por mucho que hubiera una parte de mí que pensara que no tendría ovarios para hacerlo. La vergüenza, esa gran barrera que hace que te pierdas tantas cosas en la vida (afortunadamente, en mi caso, cada vez menos. Será que me estoy haciendo mayor).


Conseguimos esa primera fila que ansiábamos, requisito imprescindible para el objetivo. Y como sorpresa al día, apareció Paloma, una de mis compañeras Primaverales de Madrid, que tras compartir con nosotras y sus encantadores acompañantes una deliciosa comida al llegar al pueblo, ahí estaba con nosotras tan dispuesta a darlo todo como nosotras. Cuestión de actitud, sin duda. Algo que echamos a faltar un tanto al empezar el concierto y ver la que imperaba en la mayoría (por suerte, no en todo) del público a nuestro alrededor. Un público curioso, formado por familias enteras, fans de toda la vida que habían recorrido equis kilómetros para disfrutarlo, algún que otro curioso y algo de público local y de alrededores en pose de "hay que estar aquí porque por un día que pasa algo interesante (y ya)".


Y qué más daba lo que la mayoría manifestara porque desde el minuto cero, al aparecer todo el arsenal de músicos en el escenario, estimularon todos nuestros lacrimales y dieron empuje a nuestros folículos pilosos. Parálisis, emoción extrema, éxtasis. Cualquiera de estas palabras no conseguiría describir al cien por cien todo lo que sentimos la mayoría de nosotros, cada uno con su favorita sonando en algún momento en un concierto diseñado para el disfrute máximo de los que les han ido siguiendo a lo largo de los años. Personalmente, escuché los primeros acordes de "I'm a cuckoo" como segunda canción y casi morí. A continuación, lo hacía Adriana con "Like Dylan in the movies". Y yo con "If she wants me", su piano y sus violines. Y ella con ese "I want the world to stop" tan lleno de significado, doloroso pero terapéutico. Y así continuamente, durante una hora y media.


"Cinco violines (que en realidad, inciso, eran cuatro y una viola) y un cello sobre el escenario, no me digas que no te está gustando!" me comentó Adriana a la mitad de concierto. Una frase que casi podría reflejar mi cielo musical. Pop del bueno llenando un escenario con toda una sección de cuerda casi entera sonando, acompañada de una trompeta o una flauta de tanto en tanto. Y solos de guitarra de Stevie Jackson para poner los vellos de punta. Y Stuart Murdoch dándolo absolutamente todo, lo que hiciera falta. Descansando haciéndome derretir en lágrimas cuando se sentó en el borde del escenario para cantar una de mis favoritas, "Piazza, New York catcher", lágrimas que no pudieron parar con "I believe in travellin' light" y casi tuve que suplicar un "¡Basta!" con las primeras notas de "My wandering days are over". Imposible cerrar el grifo con tal trío de canciones.


La noche avanzaba y empezaron a sonar los primeros acordes de "The boy with the arab strap". La señal. Infalible. Stuart bajo del escenario, atravesó el foso y se posó sobre la barandilla de donde estaba el público para darnos la mano a los que estábamos en primeras filas e invitándonos a bailar. Una mirada convencida y emocionada de Adriana, que no estaba muy convencida de mi objetivo al principio, me (y nos) decidió a hacerlo. Estampida incontrolada de esas que no sé aún como sorteé sin volar por las escaleras. Tal fans adolescentes atravesamos incrédulas las barreras de acceso al backstage y subimos las escaleras traseras del escenario. Adrenalina a tope. Frontera entre consciencia e inconsciencia. Y allá que fuimos.


¿Dónde esta Stuart? Nos preguntábamos mientras intentábamos recuperar la respiración y mirábamos el público delante. Mil cámaras y móviles inmortalizando el momento. Y Stuar detrás, al piano, al ritmo de la canción, tan sonriente como siempre. Imposible hacernos fotos propias, para qué perder el tiempo intentándolo sin cesar y perdernos ese momento. Porque era el momento de bailar, sin vergüenza ni complejos, con el corazón acelerado y todo el cuerpo sudando con el calor de los focos. Pero no era el final, no. Las primeras notas y el ritmo de "Legal man" nos enloquecieron aún más y Stuart se colocó delante con su guitarra. Y sólo por eso, se convirtió en una de mis canciones de este verano.


Con la adrenalina por los aires, Stuart se despidió de cada uno de nosotros dándonos la mano agradecidos, volvimos atrás y ni tan sólo mi abanico funcionando al máximo pudo acabar con el sudor y el calor que llevábamos encima. Cantamos "Get me away from here, I'm dying" aún incrédulas de lo que habíamos vivido. Acabó el concierto, charlamos con nuestros acompañantes y no pudimos bajar de la nube. Ni tan solo el paseo hasta la pensión pudo mitigar tal sensación. Ni el kebab hambriento de la una de la noche. Ni el sueño rendido. Nada. Al día siguiente nos tumbamos en la playa de Sant Feliu de Guíxols, nadé playa arriba y playa abajo y costaba quitarse las imágenes de la noche anterior de la cabeza.


Y no sólo fue el haber subido al escenario. Fue todo. El lugar, el setlist, el elenco de músicos, el sonido, lo cuidado que estuvo todo. Y las canciones, más bonitas imposibles, dulces pero hirientes, alegres pero melancólicas, toda una ensalada de emociones. Y casi lo mejor, la sorpresa. Que un grupo al que le daba la cuarta oportunidad me hiciera vivir uno de mis conciertos del año y, si me apuras, de mi vida. ¿Qué más se puede pedir? Sí, haberlo compartido con quien lo compartí. Por algo todo este texto habrá fluído solo de mis manos en una calurosa noche de principios de septiembre.




jueves, 8 de julio de 2010

My wandering days are over - Belle and Sebastian

Hace unos meses dediqué la entrada del viernes a una de las canciones de la fantástica "Juno", escogiendo una de Belle and Sebastian. En aquel momento conocía poquitos temas de este grupo, pero gracias a una recomendación de nuestro amigo Wood empecé a indagar en su discografía empezando por el que él me recomendó, "Tigermilk". Desde ese momento empecé a aficionarme a esta banda arrepintiéndome de no haber conocido sus discos antes, porque ahora mismo me tienen atrapada.

Este "Tigermilk", publicado el año 1996, fue el primer disco de estos escoceses. En él se presentan como una banda de pop suave pero con un cierto ritmo de base, guitarras acústicas, polifonías, excelentes acompañamientos multiinstrumentales y un maravilloso aire setentero. Todo ello confeccionando un disco de fantásticas piezas, una a una, que se saborea y atrapa poco a poco.

Y como corresponde a un buen álbum descubierto hace relativamente poco tiempo, me costó escoger una de las canciones para que estuviera aquí. Muchas me encantan, como "The state that I'm in", "Expectations" (también de "Juno") o "Mary Jo", pero este que os presento es el primero del cual me enamoré perdidamente. Tiene todos los elementos que me han enganchado a la banda, es tranquila pero rítmica, juega con dos voces de manera fantástica en el estribillo, la melodía es preciosa y suenan un cello y unos violines magníficos de fondo. Espero que os guste.

viernes, 28 de mayo de 2010

Piazza, New York Catcher - Belle and Sebastian

Hace dos años llegaba a las pantallas una tierna, irónica y divertida comedia procedente del cine independiente norteamericano, "Juno". Dirigida por Jason Reitman, la entrañable historia de una inteligente adolescente que se queda embarazada nos llegó a muchos al alma, nos hizo reír, nos encandiló con su ingenio y nos emocionó. Además de ser una magnífica película, cuenta con una maravillosa banda sonora de la que es difícil quedarse con sólo un tema, por lo que posiblemente el tema de hoy no sea el primero que aparezca por aquí.


Belle and Sebastian es una de esas bandas de pop independientes más bien consideradas, aunque yo la verdad es que desconozco la mayor parte de sus temas, por ahora. Procedentes de Glasgow, aparecieron en 1996 y cuentan con una amplia composición de músicos e instrumentos, publicando 7 álbumes a lo largo de su carrera, hasta hoy en día.

Aportaron dos temas de sus temas anteriores a la banda sonora de la película, este uno de ellos. Aunque tiene un cierto ritmo proporcionado por una intensa guitarra acústica, es uno de los más íntimos y suaves de la película, que acompaña de maravilla a sus imágenes, proporcionándole una atmósfera especial. Es uno de mis favoritos, una canción que no me canso nunca de escuchar, una auténtica delicia. Espero que os guste.