La música rodea nuestro mundo, nuestra vida, no existe el mundo sin ella. Entonces, ¿por qué no rellenarla con grandes canciones y crear nuestra propia banda sonora? Melómanos sin remedio, bienvenidos.
De los conciertos a los que acudo, algunas veces voy un poco a la expectativa, a ver qué tal. Comprar la entrada tras un arrebato, porque el último disco de la banda de turno te tiene tan atrapado que no puedes contener el deseo de hacerte con ella (y más aún si de repente te topas con alguien de tu alrededor que siente la misma necesidad - léase mi amiga Adriana, vieja compañera de conciertos, con quien hacía tiempo que no iba a ninguno y lo pasé en grande), aún sin saber muy bien si será el conjunto de tu agrado. Pero ahí estás, te lanzas un poco a la aventura, llega el día y el misterio se desvela. Y lo mejor de todo es cuando, en tal contexto, te llevas un auténtico sorpresón y ves algo mucho más alucinante de lo que pensabas que ibas a presenciar. Esto fue exactamente lo me sucedió con el concierto de la banda de Anthony Gonzalez el pasado viernes 9 de marzo en la sala Razzmatazz. Un proyecto musical que, gracias a un himno como "Midnight city" y un excelente último trabajo, provocaron cambio de sala inicial del concierto por una de mayor capacidad y, aún así, agotaron entradas pocas semanas antes. Creo que ni el propio Anthony Gonzalez se cree aún lo que le está sucediendo a su carrera musical.
Con un sonido técnicamente casi impecable (y meritorio en una sala como la Razzmatazz, que en ocasiones adolece de un sonido mejorable), nos ofrecieron, durante una casi hora y media que se nos hizo demasiado corta, todo un delirio de electrónica digerible y enérgica y dream pop, a medio camino entre el baile desmesurado y el vuelo mental. Y todo desde el minuto cero, desde esa "Intro" del último disco con la que empezaron dejando las cosas muy claras y metiéndonos a todos de un golpetazo en el concierto, sin posibilidad de vuelta atrás, ni licencia para aflojar ni un sólo momento. Fueron capaces de poner patas arriba toda la sala con un instrumental como "Year one, one UFO" para después regalar un momento de calma y ensueño con "We own the sky", por poner un simple ejemplo. Hubo varios momentos cumbres, pero sin duda el que casi todos esperábamos, el "Midnight city", fue de éxtasis general, sobretodo gracias a la aparición inesperada de un brillante saxo, presente y clave en el final de la canción en su grabación de estudio, que con su improvisación nos dejó a todos con los pelos de punta. Todo para acabar con otro instrumental potente, "Couleurs", con los cuatro de la banda entregados al cien por cien, dándolo todo. Un claro ejemplo de feedback entre público y banda.
Y es que tan importante es el papel de Anthony, simpático y agradecido con el público en todo momento (y, no lo negaré, la mar de mono, debilidades que tiene una), como el de los tres músicos que le acompañan. Pura energía en el escenario, con una batería potente y clave en el sonido de las canciones (quizás uno de los elementos que más me gustan de su música), un bajista vital y sobretodo, a mi parecer, una teclista, Morgan Klibby, con una voz preciosa, sin la cual las canciones, sin lugar a dudas, no serían lo mismo. Eché en falta especialmente una de mis favoritas, "Don't save us from the flames", pero realmente no me importó. Salimos todos de la sala alucinados, casi sin palabras, conscientes de que habíamos presenciado algo muy, muy grande. Personalmente no deja de sorprenderme como algo con este sonido, tan electrónico, puede llegar a gustarme tanto. Quizás sea ese deje ochentero, esa guitarra potente que acompaña muchos de sus temas, o ese toque de elegancia francesa (porque probablemente la electrónica francesa sea, finalmente, la única que me entra). Sea como sea, aunque en disco (a excepción del último) no me convencen al cien por cien, en directo me tienen más que ganada. Además con el añadido de que repiten presencia en Barcelona en el próximo Primavera Sound, donde si ningún solapamiento importante lo impide, volveré a estar ahí con ellos, porque se lo valen. Y para acompañar esta mini reseña, otro de los temas del último disco que más me gustan, otro de los momentos clave del concierto.
Sí, estoy un poco como un flan, podré hacer miles de presentaciones orales en inglés y nunca me acostumbraré, aunque sea muy breve y pase tan rápido que ni me dé tiempo a calmarme. Cosas de mi trabajo, sí, que forman parte de él aunque a pocos nos guste, y más aún estando en un congreso rodeada de americanos que sabe comunicarse y vender lo suyo como nadie, quedando tú a la altura del betún. En fin, no quiero marearos con cuestiones laborales, que ya tendré tiempo para hacerlo cuando me encuentre encerrada escribiendo la tesis, cosa para la que falta poco tiempo.
Yendo hacia la cuestión musical, que es la que importa de veras aquí, el otro día tuve un pequeño flechazo musical. Lo curioso es que se trata de un tema con muchos elementos electrónicos, que de primeras es difícil que algo así me guste pero por una extraña razón me encantó. Me quedé con él en la cabeza y al buscarlo por youtube sentí la necesidad de escucharlo una y otra vez. Y qué tiene de especial? Sinceramente, no lo sé. Tiene muchísimos aires a la música de los 80, con ese uso particular de los sintetizadores, pero dándole un toque más moderno. De hecho, incluso un toque "francés dance", por decirlo de alguna manera, aunque poco o nada tenga que ver con ese género. El nombre de la banda me sonaba, pero no conocía a fondo ninguno de sus temas anteriores, aunque pocos días antes había conocido uno que me había encantado. Investigando por internet descubro que son una banda francesa que llevan activos desde principios de la pasada década y que llevan seis álbumes, el último recién recién publicado, llamado "Hurry up, we're dreaming", del cual sale esta canción. Aunque de manera un poco particular, me calma y me tranquiliza para esta tarde, y qué mejor que ponerla por aquí para manifestarlo. Espero que os guste.