Qué injusta que es la vida a veces sobre algunas personas. Buena gente, que no hace ningún mal a nadie, que vive el día a día, disfruta, sufre y ama, que quieren y son queridos. Y de repente un día, sin esperarlo, sufren la pérdida repentina de alguien muy importante sin esperarlo de ninguna manera. El dolor es incalculable, difícil de imaginar de verdad, aún más difícil de consolar. Unos hijos jóvenes, de alrededor de mi edad, incrédulos e inconsolables ante lo sucedido; una esposa destrozada y obligada a canalizar el dolor y aguantar el tipo delante de todos; una familia unida entera hundida en el llanto, en la resignación. Qué impotencia se siente al ver que son gente muy cercana a ti y que no puedes hacer mucho más que mostrar tu apoyo, tu cariño y tus condolencias. Y qué dolor sientes tú especialmente por esos chicos ante la muerte repentina de un padre demasiado joven para morir, cómo se te cae el mundo al suelo al hablar con ellos por teléfono y darles la condolencia, al verlos, obligada como estás, en parte, a mantener la compostura y dejar que sean todos ellos los protagonistas de la ceremonia del dolor.
Quisiera acompañar ese dolor cercano con alguna canción, y rebuscando entre mi carpeta de música me topé con esta delicia de J Mascis, cantante de Dinosaur Jr., y se me antojó ideal para hacerlo. Sin ser una canción especialmente triste, su tranquilidad y sobretodo ese melancólico violín que presente toda la canción y que se encarga de acabarla pueden ser buenos acompañantes para un sentimiento así. Un tema incluso curativo, sereno, que invita al llanto pero también al recuerdo y a la memoria, a la esperanza, a seguir adelante, a aprender a vivir con ello. Con él, mando un abrazo muy fuerte a todos ellos, a la vez que os ofrezco una preciosa canción para un día triste y soleado como este. Espero que os guste.