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jueves, 3 de diciembre de 2015

Cavalry captain - The Decemberists

Este año apura su último mes y yo casi que no he escrito ni una sola línea en estos lares. Y lo curioso es que el mismo ha dado tanto de sí musicalmente que casi es un pecado no haberlo hecho. Ahora que retomo ligeramente la actividad por aquí, es sin duda el momento de ir mencionando algunas de las canciones y discos más destacados de 2015, que no han sido precisamente pocos.

Qué difícil decidir por cuál empezar si mi intención es dar un descanso a las crónicas o impresiones de concierto, que ya os adelanto que acompañarán muchas de las entradas. Así que me decidí por lo primero que apareció por mi cabeza, con canción incluída, casi a modo de impulso, de primer pensamiento. The Decemberists sacaron "What a terrible world, what a beautiful world" en Enero y por ello parece que hace un lustro que sus canciones forman parte de nuestras vidas. Y es que desde la primera escucha se nos inspiraron atemporales, entrando a la primera pero sin cansarnos en ningún momento, conscientes de la grandeza de su conjunto.

Que The Decemberists conciban un álbum redondo no es ninguna novedad. Ya lo hicieron en 2011 con "The king is dead", que tuvo su merecido lugar en este espacio en su momento, así como anteriormente con obras como "Picaresque" (2005) o "The crane wife" (2006). Así que por si no fuera suficiente aparecen cuatro años después y nos plantan un discazo como una catedral, todo un despliegue de medios y de saber hacer, con toda su personalidad y esa visión tan particular pero a la vez tan familiar de leer y entender la música americana. Sonidos de toda la vida hechos con tanto mimo y amor por la música que es imposible que no nos emocionen. Con exactamente la misma receta de siempre, combinan los mismos ingredientes a diferente orden y cantidades para que el resultado sea sorprendentemente diferente, cómo sólo los grandes maestros saben hacer.

Y así se nos presentan íntimos en la inicial "The singer adresses his audience", "Lake song", "Til the -water is long gone" o "12-17-12", intensos y emocionales en el canto desesperado de la preciosa "Make you better", juguetones y dulces en "Philomena" o "Anti-summer song", o tradicionales en ese "Better not wake the baby" que les devuelve a sus raíces musicales. Así, a modo de resumen, porque cada canción aporta un matiz diferente al sonido maduro del conjunto, otra lección más de buen hacer musical que sumar a su historia.

No es que en el conjunto destaque "Cavalry captain", no. Es una elección puramente personal. Por mi estado mental cuando salió y ahora mismo, por su ritmo, su positivismo y su alegría, porque se me hace irresistible y me entran ganas de cantar "I am the cavalry captain, I am the remedy to your heart" por todos lados. Y porque me resulta tan rematadamente deliciosa como ese "When you shine, shine your eyes" y todo lo que (y a quien) me evoca. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

The engine driver - The decemberists

Hace unas semanas me enviaron un artículo de Punset sobre el desamor. No soy muy fan de los textos de este hombre, pero este me encantó. Aunque en una de las cosas no estoy de acuerdo (no creo que la solución sea volver a enamorarse, sinó aprender a estar solos una temporada), me sentí muy identificada con algunas de las cosas que en él se explica. Porque existe un tabú en hablar del desamor, está visto como algo malo, algo que merece ser escondido, causa de vergüenza incluso. Es algo triste, cierto, aún más doloroso, tanto para el que poco a poco descubre que lo siente como para el que de repente cae en la cuenta de que ya no es correpondido. Pero, como se dice en el artículo, en el fondo quizás sea algo positivo, una señal que te da la vida que evita que algo sin futuro tire adelante, antes de que sea demasiado tarde para ser realmente felices.

Ya han pasado seis meses, medio año, y siento que puedo hablar sobre el tema con toda lucidez. En este tiempo he aprendido muchas cosas, también a su vez me he dado cuenta de cosas muy tristes, de que hacía mucho más tiempo del que pensaba que había caído en las redes del desamor, sin yo darme cuenta, sin yo entenderlo. Y duele, mucho, saber que le has hecho daño a alguien sin quererlo, sin buscarlo, pero sin ninguna otra solución, sin poder hacer nada por evitarlo. Pero con el tiempo sabes que hiciste lo que debías, que incluso le hiciste un favor a esa persona, cruel y frío como suena. Y vuelves a ser muy feliz, vuelves a renacer, redescubres cosas de ti misma y vuelves a hacer cosas que hacía tiempo que no hacías. Y, pasado un tiempo, puedes volver a hablar de amor, aún sin sentirlo, aún sin acordarte de lo que era.

Adoro el "Picaresque" de The decemberists. Porque es un gran disco, porque es variado e imposible aburrirse con él, porque no sobra ni un sólo tema. Porque te transmite diferentes sensaciones con diferentes canciones, desde la alegría hasta la melancolía. Porque, como en casi todos los buenos álbumes, cuesta escoger un solo tema. Pero este "The engine driver" sin duda está entre mis favoritas. Porque esa reiterativa y repetida frase del estribillo "And if you don't love me let me go" duele a la vez que alivia, cura, dura como es. Y es por ello que al leer el texto de Punset sobre desamor, supe enseguida que su reflexión acompañaría esta preciosa canción. Porque con ello finalmente puedo dar carpetazo definitivo a todo ello y seguir siguiendo con mi vida. Y más feliz que nunca. Que la disfrutéis!!



Canciones anteriores:
- All arise!

martes, 19 de julio de 2011

All arise! - The decemberists

Lo sé. Sólo faltaba yo por hablar de The decemberists, después de que nuestros amigos Midas, Uri y Sergi (a quien echamos mucho de menos y esperamos que vuelva pronto) los hayan reivindicado. Y es que para mí también han sido todo un descubrimiento de este 2011, aunque ya vayan por su tercer disco y estén consolidados como una gran banda. Demasiado tardé en hablar de ellos, no quería solaparme demasiado con los posts ya escritos y al final me planté en verano, con el último disco escuchado hasta la saciedad y más canciones en mi cabeza que ese "Down by the water" con el que me enamoré de ellos. No sé cual será el secreto de su sonido, ese folk-country apoyado sobre un tándem de voces masculina-femenina de esos que me gustan tanto, múltiples instrumentos y un sabor muy americano, muy auténtico. Sea lo que sea, aún a falta de echarle una escucha a sus discos anteriores, sólo con este último me han convencido.

He preferido para pasarlos por aquí prescindir del tema más conocido y reivindicar este disco con uno de los temas que más me gustó desde la primera vez que lo escuché. Soy consciente de que es una elección 100% personal, que quizás muchos de los que conocéis la banda y el disco ni os haya llamado la atención más que otro, pero tiene algo que me pirra. Posiblemente por ser una de las canciones más auténticas, que más nos transportan a los sonidos norteamericanos de raíz, o simplemente por ese violín tan protagonista. O por recordarme a un viejo tema de Wilco que me encanta y que pasé por aquí hace un tiempo, llamado "Dreamer in my dreams". Y para qué buscar tantas explicaciones? Me encanta, simplemente, me pone de buen humor y me hace sentir muchas cosas. Espero que os guste.