Anoche la culpa de que hoy me costara la vida levantarme de la cama fue de Eddie Vedder y los suyos. Bueno, en realidad, del director Cameron Crowe. O más bien de los programadores de Canal 33 que ponen a deshoras interesantes documentales musicales a través de ese programa mítico que es el Sputnik. Sí, vale, podría verlo en youtube y todo eso, pero de tanto en tanto me gusta la sensación de esperar para ver algo por la televisión justo cuando lo emiten. La cuestión es que, sabiéndolo, esperé impaciente hasta las 12 y media para la emisión de la primera parte de "Pearl Jam twenty" (que dejó aquí enlazado en su versión subtitulada, que justo encontré), el documental que este director hizo para celebrar los veinte años de la publicación del "Ten". Un interesante recorrido a través de la historia de la mitica banda de Seattle, una de las más importantes del movimiento grunge junto a Nirvana o Soundgarden, del cual recomiendo su visionado a todo aquel que guste de esos sonidos (a los que probablemente no diga nada nuevo) o al que sienta pura curiosidad por el tema.
Todo ello no es más que una excusa para que por fin pase por aquí alguna de sus canciones. Os confesaré, aunque muchos quizás lo sabéis, que no soy muy fan del grunge. Pero aún así, lo que es bueno, es bueno, y no hago ascos a los temazos de Nirvana y aún menos a las canciones de esta banda. Porque tiene algo que me puede. Y ese algo tiene nombre propio y se llama Eddie Vedder. Esa voz. Es lo que le da carácter, lo que le da a las canciones algo más, la personalidad total del grupo. Todo energía y profundidad, versatilidad, garra.
De su repertorio esta sin lugar a dudas es mi favorita. No es la más mítica, probablemente, ni la que primero les conocí, pero sí la que un día de repente escuché y me dejó totalmente atrapada. Un temazo enérgico que me transmite mil sensaciones, del cual precisamente ahora mismo necesito toda su energía para desconectar y olvidarme por un momento de lo que me preocupa. Y os aseguro que es 100% efectiva.