La música rodea nuestro mundo, nuestra vida, no existe el mundo sin ella. Entonces, ¿por qué no rellenarla con grandes canciones y crear nuestra propia banda sonora? Melómanos sin remedio, bienvenidos.
Ya pasó el lunes, el dia del bajón tras tanta intensidad, tantas emociones compartidas estos días, el día ese en que lloras cuando encuentras cada vídeo del festival, en el que rememoras con frescura todos los momentos, cuando maldices que todo haya pasado tan rápido y tengas que bajar de la nube en la que has estado, aislada del mundo por completo. En el que echas de menos a los que han estado contigo estos días. Y llega el momento de escribir, lo más frescas posibles, las crónicas de todo lo vivido. Este año dedicaré tres posts, uno por día, para relatar lo sucedido, aún consciente de que quizás alguien de vosotros se pierda voluntariamente entre su longitud, tantas cosas hay que explicar que casi no acabaría nunca.
Nervios, expectación, mil cosas toda la mañana de jueves, laborales y
extralaborales, que se mezclaron con lo anterior para crear un estado de
excitación máxima, faltaban pocas horas para salir del CSIC y contaba
los minutos. Por la mañana, mi amiga Viola me llama emocionada porque acaba de llegar a Barcelona, al Forum y se
ha cruzado con Jeff Tweedy y yo siento su misma emoción, siento más que
nunca que ha llegado el día. Al fin llegó, calculé mal el tiempo de
transporte público y me planté en Maresme-Forum casi un cuarto de hora
antes de cuando había quedado, con lo que pude pararme a comprar una
botella de agua y saciar la sed que me provocaba el calor que hemos
tenido este primavera, aunque la brisa del Forum, aún con sus olores
característicos y momentáneos, todo lo suaviza y lo hace más llevadero.
Volver a subir la cuesta adyacente al auditorium y volver a pasar la barrera despertó mil recuerdos y mil emociones que en poco tiempo iban a ser reemplazadas por otros nuevos, caminé rápido y sonriente al esperado reencuentro con Viola, acompañada de Txarls, Víctor y Jesús; ya estamos aquí de nuevo. Empieza Baxter Dury en el San Miguel y Viola y yo, medio deslumbradas por el solazo que nos daba justo en los ojos (y por el que maldecí no llevar encima mis gafas de sol), comentamos la gracia que nos hace como visten, tan curiosos y elegantones con sus trajes, tan british con ese acento con el que cantan. Coincidimos en que del disco nos gustan varias canciones pero que en general se nos hace pesado, pero en directo no suena tan mal, un concierto para sonreír, no estuvo mal para empezar este primavera.
Tras excursión rápida al Mini (antes denominado Llevant, y para el que han escogido - por espónsor, claro - un irónico nombre), ese escenario alejado del resto, comprobar como cambiaron su disposición y convirtieron aquello en una enorme explanada de asfalto sin fin y huir despavoridos de los gritos de la cantante de Friends, nos plantamos en un paseo hasta el Ray-Ban, quizás el escenario más bonito del Forum, nos encontramos con bboyz y sentimos que la familia volvía a juntarse. Ahí llegó una de mis sorpresas, Archers of loaf, caña indie-noventera sin mucha novedad pero que sonaba de maravilla, que hizo que nos diéramos los primeros bailoteos, aún sin (al menos por mi parte) conocer las canciones más allá de una o dos. De allí, bboyz y yo nos vamos al reubicado Vice, al lado del mar y bajo la placa solar, para ver la curiosa propuesta de Field music sobre el escenario, con esos cambios de ritmo y esas estructuras musicales tan interesantes, que sonaron bastante bien. A mitad del mismo, mientras nos dio el hambre y cenamos los bocadillos que llevábamos, más reencuentros, ya que nuestra amiga Lapor vino a nuestro encuentro, recién aterrizada en Barcelona. Aún más alegría de volver a vernos todos.
Pero eran las 9 y poco y me tocaba irme a la otra punta del festival, al Mini, al encuentro con mis compañeras de piso, Sara y Naiara, y con mi amiga Adriana y su amiga Anna, venida de Londres para la ocasión, para coger un buen sitio para uno de mis conciertos más esperados de una de mis predilecciones, Death cab for cutie. Este Primavera ha sido, entre otras cosas, el de los conciertos esperados desde hace años, empezando por el de esta popular banda que tan poco se prodiga por nuestros lares, por lo que tenerlos a menos de media hora era todo un privilegio. Salió Ben Gibbard al escenario con su melena ultralisa y esa voz tan bonita que tiene, para demostrar por qué su banda es lo que es. Porque él es muy grande, y lo demostró sobre el escenario. Empezó con una larga introducción instrumental que se intuía de "I will possess your heart", para ir repasando algunos de los temas de su último disco como la fantástica y enérgica "You are a tourist" o "Doors unlocked and opened" y combinarlos con los más populares de sus trabajos anteriores. Cayeron "Crooked teeth" y la mítica "Soul meets body" del "Plans", me aclararon que el "Transatlanticism" es mi disco favorito con "The new year", una "We looked like giants" en la que hubo extensión instrumental en la que Ben se lanzó a tocar la guitarra, los teclados y acabó a la batería (que se puede entrever en la foto de abajo), dejándonos a todos boquiabiertos, y ese apoteósico final que todos intuíamos con la alegre y popera "The sound of settling", que no deja opción a otra para acompañar este post. Con su concierto nos demostraron que el buen pop con guitarras puede sonar enérgico y sonoro, entrando para mí en la saca de mis conciertos de este primavera y dejándonos a muchas enamoradas de él, de esa voz y esa manera tan correcta de cantar. Y todo ello, mientras se hacía de noche, uno de los momentos más mágicos del festival, como aquel vivido hace un año con The national.
Tras la escampada general para Wilco, nos quedamos en el mismo Mini para esperar a Zach Condon y su banda, Beirut. Excursión a por cerveza, encuentro con Lapor, bboyz y Txarls y laberinto entre la gente para coger un buen sitio, despejado como estaba aún el escenario. Otro de los directos más esperados para mí, aún consciente de que quizás podía decepcionarme. Y no lo hizo porque yo ya sabía lo que me encontraría. Porque para aquellos que somos fans y hemos machacado los discos hasta la saciedad, que nos sabemos donde va cada arreglo instrumental, quizás el concierto quedó cojo. Es verdaderamente difícil transmitir tanta densidad instrumental con solo cuatro personas sobre el escenario, y eso hizo que echáramos de menos muchos elementos y las canciones nos sonaran demasiado desnudas, incluso demasiado iguales. No fue un mal concierto ni una decepción para mí, porque finalmente nos dejamos llevar por el buen rollo que transmitieron, lo que nos hicieron bailar, y por la emoción compartida entre las chicas, fans absolutas, que reconocíamos cada canción al primer acorde. Realmente hubo momentos muy especiales de sonrisas complices entre nosotras y lo pasamos en grande. Repasaron muchas del último disco, como "Santa fe" o "Port of call", tocaron algunas míticas de los anteriores, como "Nantes", "Postcards from Italy" o "Elephant gun", se marcaron un instrumental con un intenso sabor gypsy (quizás para mí el mejor momento del concierto), para acabar con una auténtica sorpresa para mí, "Carousel", una de mis favoritas, escondida en su EP "Long Island". Tras este concierto seguiré escuchando con fervor sus discos, pero quizás no repita el verles en directo, aunque nunca se sabe.
Nos quedamos las cinco por allí con la intención de estar un rato escuchando a The xx, sobre los que no tenía demasiada expectación, y llevarnos con ellos una agradable sorpresa, porque sonaron de maravilla. Comprobé que conocía más canciones de las que pensaba, se me pusieron los pelos de punta con la belleza de "Islands", pero por desgracia (y con mucha pena por lo que estábamos presenciando) no podíamos quedarnos mucho más allá de media hora porque en el San Miguel nos esperaba en poco tiempo Franz Ferdinand, otro de mis conciertos esperados, mi asignatura pendiente desde la universidad. Tras ver alucinadas menos gente de la que esperábamos, se unió a nosotras Viola y fuimos a coger un buen sitio. Salió la banda de Alex Kapranos al escenario, con esa pinta de muchachos de pueblo de la que tanto nos reímos durante el concierto, y nos dieron justo lo que queríamos. Hits. Dieron el concierto que todos deseábamos, rescataron casi todos los temas de su primer disco, nos recordaron lo bueno que era, salieron a relucir algunos del resto de discos y nos presentaron algún que otro tema nuevo. Y sonaron contundentes y guitarreros, nos hicieron bailar y saltar como locos, pusieron el San Miguel patas arriba con "Take me out", "Do you want to", "Michael" o "Dark of the matinée". Kapranos nos avisó de que le fallaba la voz, se disculpó, pero realmente tampoco se le notaba tanto. Fue un conciertazo, justo el que esperaba ver desde hacía más de cinco años, y una estupenda manera de clausurar el primer día de festival y retirarnos a casa, que ya eran las 3 y algo y nos quedaban dos días más de festival.
Por fin, último madrugón de la semana y después de más de dos semanas en las que ni un sólo día he dejado de pisar mi centro de trabajo, me gané a pulso el puente, aunque quizás me vaya con algunas cuestiones laborales en la cabeza, nunca puedo evitarlo y menos aún en este inicio de recta final en el que me encuentro. Y me voy a Madrid, sí, a disfrutar un poco de esa ciudad y quizás darle esa segunda oportunidad que le debo desde hace unos años. Así que, como no podía ser menos, os dejo hasta el miércoles con un buen tema, en este caso uno de los míticos de una de las bandas de pop independiente más importantes. Siendo como son una de mis debilidades, me sorprendo de no haberlos posteado más veces.
Es que hay tantas buenas canciones en su repertorio, especialmente en los discos "Plans" y "Trasatlanticism", que es difícil quedarse sólo con una. Derivando hacia un pop más limpio y dulce en el primero y más guitarrero en el segundo, siempre queda patente la marca de la casa en sus temas, liderados por esa característica y reconocible voz de Ben Gibbard, no deja de sorprenderme que en USA sean un grupo tan conocido por todo el mundo. Como decía en el párrafo anterior, esta quizás sea una de las más populares y conocida de la banda, a la vez que una de las más dulces y pop, una de esas canciones que te arrancan una sonrisa sin estridencias; del "Plans" del año 2005. Espero que os guste y que paséis un buen fin de semana, o puente, aquellos que podáis disfrutarlo.
Vuelvo después de este puente-paréntesis, aunque me tocara trabajar el martes y lleve aún un cierto descontrol temporal, entre días de trabajo y fiesta y la visita de unos amigos en los primeros días del puente, en los que estuvimos tan a gusto que perdimos la noción del tiempo hasta el punto de que se nos pasara tremendamente rápido. Tocaría una canción animada, pero siendo la semana tan corta me apetece saltarme esta norma y enseñaros una canción que hace poco que conozco y que con cada una de sus notas, acordes y frases consigue arañarme el corazón a lo bestia.
Death cab for cutie es la banda principal de Ben Gibbard, músico que participa también en The postal service, que ya apareció por aquí hace unos meses. Procedentes de Estados Unidos, se formaron en 1997 y hasta hoy día han publicado seis álbumes. Con el estilo clásico del pop-rock independiente, pero sencillo y asequible para la mayoría de los públicos, tiene en la particular voz y dicción de Gibbard una de sus señas principales.
Aunque los empecé a escuchar con su "Plans", su disco más emblemático, del año 2005, en el que están incluídas algunas canciones de las más bonitas que creo que se han escrito, me introduje en su disco anterior, "Transatlanticism", del año 2003, y me enamoré perdidamente de esta canción que hoy os presento. Un tema triste y melancólico, que pasa de la calma a la fuerza del estribillo y que, acompañado por una preciosa pero tristísima letra, resulta finalmente desgarrador. Ideal también para escuchar en estos días de noches tan largas y recrearse con él. Espero que os guste.