La música rodea nuestro mundo, nuestra vida, no existe el mundo sin ella. Entonces, ¿por qué no rellenarla con grandes canciones y crear nuestra propia banda sonora? Melómanos sin remedio, bienvenidos.
Lunes. Sí, pero no un lunes cualquiera, quizás el lunes más duro del año, ese en que vuelves de vacaciones. En el que vuelve a sonar el despertador sin desearlo, en el que retomas la rutina, en el que vuelves a la realidad. Atrás han quedado 19 días que han pasado volando, 19 días de vacaciones de verdad, porque si algo han definido estos días, ha sido la calma. Tanto por la mágica y preciosa Noruega que ya describí en el post anterior, como en mi refugio de confort, buena comida y mimos que es Mallorca, mi casa. Casi nada demasiado especial, aparte de la excursión en barquita que me regalaron dos buenos amigos, de la que disfruté como una enana y gracias a la que me bañé en un lugar casi paradisíaco. A pesar de ese insoportable calor que no ha aflojado hasta ahora, he podido disfrutar de larguísimos baños en las aguas más bonitas del mediterráneo, de largas horas de sueño reparador, de buenas conversaciones con amigos, de ratos agradables con mis padres, de horas y horas de lectura. Aquello que al final resulta la esencia de las vacaciones. Vaciar la mente haciendo el muerto durante varios minutos dejándote flotar por el agua del mar, conseguir no acordarte de lo que has dejado pendiente, olvidar sin esfuerzo aquello que te atormentaba. Desconectar. Y volver con las pilas bien recargadas.
Tanta calma hace que no pueda acompañar este lunes de una canción cañera. No, me es imposible, no pega, destroza ese estado de calma y sosiego que he conseguido. Sería como ponerse una canción de inicio potente como alarma de despertador, devastador, no. Mejor algo tranquilo, algo calmado, algo que me permita empezar al ralentí e ir cogiendo fuerzas poco a poco. Ayer por la mañana, cuando por fin el calor dio tregua y me regaló una estupenda temperatura para poder apurar las últimas horas leyendo en el patio de mi casa, sonó por mi mp3 el primer disco de Kings of convenience que acompañaba mis horas de lectura sanadora del agosto del año pasado en ese mismo lugar. Y he sonreído, consciente de cómo ha cambiado todo a mi alrededor y de lo feliz que he llegado a ser en un año desde entonces, justo cuando empezaba a despertar de la pesadilla y a volver a sonreír con tranquilidad. Cuando empezaba de verdad esta vida que tengo ahora de la que estoy tan contenta. Y he sentido que la canción que lo comienza tiene que ser la que acompañe esta entrada.
Qué pocos días me quedan, y qué rápido ha pasado y pasarán los que quedan. Sólo un fin de semana y un día de tregua por delante antes de volver a la normalidad, el descanso más corto en muchos años, que se verá recompensado por pequeños paréntesis otoñales que ya empiezo a esperar. Pero mejor no pensar en ello y seguir disfrutando de mi estancia aquí. Aparte de qozar de las paradisíacas playas y de la compañía de mis amigas y de mis padres, una de las mejores cosas de las que disfruto aquí en verano es de noches de lectura en el patio de mi casa de Palma. Aquellas noches en las que no estoy por ahí, que al final son pocas, de lo que tengo más ganas es de sentarme allí y, acompañada de buena música relajante, leer durante horas a la fresca.
Y no os penséis que se trata un lugar excepcional. Nada más que un típico patio de primer piso de ciudad, grande y luminoso, eso sí, pero rodeado de miles de edificios y ventanas que no te quitan el ojo de encima mientras estás allí cenando o tomando la fresca. Para quien no esté acostumbrado, incluso puede parecerle poco íntimo de primeras. Pero para mí sí que es un lugar especial. Porque mirando en él veo mi infancia, las horas y horas de juegos compartidos con vecinas y amigas y en solitario, de correteos y pelotas arriba y abajo. Era mi mundo y mi mente se encargaba de transformarlo en lo que hiciera falta, desde un valle entre las montañas que eran los edificios alrededor hasta una calle de pueblo, una pista de tennis o de futbol, nunca un interior, siempre un espacio abierto, al aire, al juego y a la imaginación desbordante de una niña sin hermanos.
Pasados más de quince años es un espacio que mi madre al fin pudo llenar de plantas sin peligro de ser derribadas. Un espacio más pequeño en perspectiva pero más grande en realidad, sin juegos pero siendo aún un lugar en el cual refugiarse y disfrutar del verano, siempre y cuando el calor no apriete tanto como hoy, y de estar al aire libre, una de las cosas que más me gustan. Y por ello, uno de los mayores placeres para alguien como yo, unir este bienestar a un buen libro y buena música y dejar pasar las horas nocturnas. Uno de los afortunados discos de los que estoy disfrutando en esos momentos ha sido el primero del dúo noruego Kings of convenience, "Quiet is the new loud", un álbum delicioso, lleno de polifonías, melodías dulces y canciones relajadas, incluso con un curioso toque mediterráneo procedente del frío. En él se esconden varias joyas, pero la que siento que más me llega y tiene un mayor efecto sobre mí resultó ser esta delicia para los oídos, que quería compartir con todos vosotros. Espero que os guste.
Desde la fría noruega para acompañar estos días fríos que se avecinan viene esta canción que hoy pasa por aquí. Porque diciembre nos quiere mostrar su peor cara, el frío, si es que es posible que el mes más triste del año pueda mostrarnos una peor aún. Para paliarlo, una canción "manta", con un toque de calidez, relajada pero con un cierto ritmo de base ideal para que no nos durmamos, que incluso nos hace sonreír.
Con este dúo procedente de Bergen, Noruega, no puedo evitar evocar a Simon & Garfunkel. Porque su sonido sin duda bebe del mítico dúo de los años 60, con algún toque Belle & Sebastian que les da un matiz más moderno. Música pop-folk reposada, sutil, agradable de escuchar, compuesta principalmente de polifonías vocales, guitarras suaves y delicados arreglos de producción. Un sello con el que, desde su formación en 1999, ha dado lugar a tres álbumes, más uno de remixes.
De su último disco, llamado "Declaration of dependance", del año 2009, procede este tema. Un álbum que, en la línea de los anteriores, me encanta escuchar cuando necesito relajarme, deleitándome con su sutileza y sus suaves voces y ritmos. Y de él, me cuesta escoger un tema, varios me han enamorado, pero este tiene algo que hace que no puedas dejar de escucharlo. Quizás sea su ritmo, su grandísima calidez o esos arreglos de violín, en pizzicato y en arco, que lo hacen tan mágico. Sea lo que sea, es un tema fantástico. Espero que lo disfrutéis.