Mostrando entradas con la etiqueta Sigur Ros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sigur Ros. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de febrero de 2013

Hoppippolla - Sigur Rós

Hacía poco más de un año y medio que no participaba en un ciclo de conciertos con mi orquesta de Barcelona. El año pasado tuve dos experiencias orquestales en Palma inolvidables, que me sirvieron de paliativo a falta de las que no pudimos tener aquí. Pero echaba de menos volver a vivir ciclos de conciertos. Los nervios del primero, el miedo a que todo sea un desastre, la presión de las últimas semanas, el no saber cómo va a sonar finalmente. Especialmente cuando el grupo es nuevo y muy joven, el riesgo es mayor, el miedo resplandece por todos lados pero si el resultado es satisfactorio, la emoción puede ser mucho mayor.

Este fin de semana por fin hemos vuelto a nuestros ciclos de conciertos, y con ellas, he vuelto a revivir muchas de las emociones que echaba de menos sentir. Tocar en una orquesta, aunque sea a nivel amateur y sin demasiado nivel, es algo muy especial y difícil de definir. Es sentir que formas parte imprescindible de todo un engranaje, que tu voz es tan importante como cualquier otra, que sin ella la pieza queda coja. Es acompañar en algunos momentos nutriendo una melodía, o llevarla volando y dejando que el resto te haga de cojín. Es sentir la emoción y que el vello se erice cuando una obra culmina, desear que todo salga en su sitio, que al acabar una pieza que ha salido bien y levantarte te suba de repente toda la emoción a los ojos, mirar de manera cómplice a tus compañeros y ver esos mismos sentimientos en sus rostros. Pero también es duro y difícil, no siempre salen las cosas bien, pero de los errores se aprende de manera colectiva y compensa ver cómo se subsanan al día siguiente.

Escuchando algunos de mis grupos y canciones favoritas, especialmente aquellos bajo los cuales hay una cuantía generosa de músicos e instrumentos, muchas veces pienso que quizás lo que sienten encima de un escenario, todos ellos, debe de ser muy similar a todo esto. El hecho de que yo sea una simple amateur probablemente haga que lo viva más y de manera más intensa, al ser algo tan especial y no cotidiano, pero creo que con este sentimiento me acerco bastante a la magia de crear música. Algo tan sencillo pero tan maravilloso. Más aún cuando lo compartes con esa gente que te quiere y viene a verte.

Por culpa del concierto del sábado me perdí el gran concierto que hicieron estos islandeses en Barcelona, pero ellos y esta canción me inspiran todo lo que representan muchas de las cosas vividas durante este fin de semana. Una canción coral y emocionante, que va de más a menos, que roza el alma, que hace volar. Para dejarse llevar.

miércoles, 2 de enero de 2013

Varúð - Sigur Rós

"Tengo sabía que el tiempo transcurre de manera irregular. En su origen es uniforme, pero, cuando se consume, se transforma en algo irregular. Ciertos periodos de tiempo son terriblemente largos y pesados; otros, breves y ligeros. Y, a veces, el orden de los acontecimientos se altera y, en los momentos críticos, incluso desaparece. También se le añade lo que debería añadírsele. Al regular el tiempo a su capricho, la gente quizá regule su propia razón de ser. En otras palabras, al realizar esas operaciones, logran conservar a duras penas la cordura. Si tuvieran que aceptar el tiempo vivido de manera uniforme y secuencial, sus mentes no podrían soportarlo. Sus vidas serían igual que una tortura. Así pensaba Tengo.
 
Gracias al ensanchamiento del cerebro, las personas han adquirido la noción de temporalidad, pero, al mismo tiempo, han aprendido la manera de alterarla y regularla. Las personas consumen tiempo sin cesar y, paralelamente, reproducen el tiempo que su conciencia ha regulado. No es una tarea sencilla. Resulta natural que el cerebro consuma el cuarenta por ciento de la energía total del cuerpo."

1Q84 (Libro 1) - Haruki Murakami

En este inicio de año de planes invertidos, entre delirios febriles, una cabeza a punto de estallar y un malestar físico que poco o nada tiene que envidiar a cualquier apaleamiento, hallo consuelo y cura en horas de series, películas y en las páginas de este cautivador libro de Murakami, que va ganando a medida que avanzan las páginas. En una de esas sesiones me topé con este sencillo texto que, por alguna extraña razón, me gustó. El poder de la percepción del tiempo, la base de nuestra vida en sus olas. Porque una de las sensaciones más acuciantes del año que hemos dejado atrás es una tremenda rapidez del tiempo.

Porque a medida que me hago más mayor siento como si el tiempo fuera aumentando su velocidad de forma casi exponencial. Los meses pasan en un suspiro, y con varios suspiros pasa un año y se te escapa de las manos. Miles de planes quedan en el tintero, como tantas canciones quedaron en simple proyecto y nunca llegaron a tener su entrada. Como esta joya del último y algo irregular disco de la formación islandesa, que me acompañó en varios momentos y quiero recuperar para inaugurar 2013 en el blog (que vendrá acompañado de alguna sorpresa que ya os comentaré más adelante), para que me sirva de cura física adicional con toda su suavidad y su delicadeza. Y con ella empezar de una vez bien el año.


viernes, 4 de marzo de 2011

Starálfur - Sigur Rós

Ayer fue un día gris y lluvioso de esos que hacía tiempo que no teníamos de manera tan intensa. Como ya os indiqué en más de una ocasión, en días así me encanta recrearme con músicas que, para mí, suenan mejor para acompañar el gris y la lluvia. La melancolía que evocan va unida a las imágenes del exterior, a la vez que escudriñan en tu interior y sacan afuera miles de sentimientos. Con buena predisposición y los oídos bien abiertos ayer dediqué una buena escucha uno de los primeros discos de Sigur Rós, el "Ágætis byrjun" del año 1999, y me deleité con él durante casi todo el día, cayendo al fin rendida ante la sensibilidad de sus composiciones y las atmósferas que crea.


Sigur Rós son una banda islandesa que, a pesar de cantar en su propia lengua (y por lo que he leído, hasta inventándosela si hace falta, vaya freaks deben estar hechos...), han traspasado las fronteras de su fría isla haciendo llegar su evocadora y tranquila propuesta al resto de Europa y Estados Unidos. Se formaron a principios de los noventa, debutaron con su primer disco en 1997 y hasta la fecha han publicado 5 álbumes. Su estilo resulta difícil de definir, un post-rock muy tranquilo, casi ambiental, con la característica voz en falsete de Jónsi, su cantante y cuidadísimas producciones llenas de elementos clásicos, una sutil electrónica y ritmos profundos. Un sonido que, quizás de primeras y en un entorno poco adecuado, puede chocar pero que si uno se deja llevar por él puede ser tremendamente evocador.

El caso de esta canción quizás fuera diferente para mí, porque cuando la escuché por primera vez quedé boquiabierta con sus bellas orquestaciones y la grandísima sensibilidad de su conjunto. A partir de él me introduje en el resto de canciones del disco que lo contienen y, aunque al principio costó que me engancharan, al final no pude resistirme. Un tema para escuchar casi con los ojos cerrados, en un momento tranquilo, para acompañar la lluvia, o al atardecer, o por la noche antes de dormir. Una delicia que a mí me exacerba los sentidos, me rasga el alma. Con ella os dejo, pensando ya en mi fin de semana de tres días de relax y desconexión en Mallorca con mis padres y amigos, y deseándoos a todos que tengáis un buen fin de semana (sea largo, si estáis en Barcelona, o no).