La música rodea nuestro mundo, nuestra vida, no existe el mundo sin ella. Entonces, ¿por qué no rellenarla con grandes canciones y crear nuestra propia banda sonora? Melómanos sin remedio, bienvenidos.
El domingo pasado por la mañana, en el viajecito que hice al sur de Francia, tuve un momento de esos en los que consigues vaciar la mente por completo, de esos casi purificadores, en el lugar adecuado, el momento adecuado y, además, compartido. Paseando por la preciosa localidad de Collioure, por su paseo al lado de la playa, había un grupo de músicos callejeros que tocaban jazz con dos guitarras y un bajo. Nos llamó la atención de tal manera que nos detuvimos y nos sentamos, dejando que el agradable sol que brillaba nos acariciara el rostro. Delante del mar, con una música que recordaba a la que tanto me gusta de las películas de Woody Allen, me sentí como si estuviera en una de ellas, teniendo un momento de felicidad plena y desconexión absoluta, con una sonrisa iluminando mi rostro a la vez que el sol. Y escuchando aquellos músicos recordé de repente a un cantante francés que descubrí precisamente en mi viaje por la Provenza, que ya pasé por aquí hace un tiempo, pero me apeteció recordarlo con tal de evocar ese fantástico momento. Thomas Dutronc y su jazz manouche de tinte clásico, y su disco "Comme un manouche sans guitar" de 2008 que tanto escuché durante el otoño de ese mismo año.
De él selecciono un tema casi al azar, y me decido por la que me lo hizo conocer, la que me enganchó a él. Porque con ella, además de evocar lo explicado arriba, quiero aprovechar que ayer fue el cumpleaños de mi padre para dedicársela. Y este año especialmente, ya que ahora mismo no está pasando por uno de sus mejores momentos y le esperan unos meses un tanto duros. Tan duro como no poder estar ahí con él, con los dos, tanto como me gustaría, aunque sé que están bien, que por suerte por ahora no me necesitan tanto. Aún así sé que es fuerte, que son fuertes, y que todo pasará y volverá a ser como antes. Que mi padre saldrá de esta tan sano y guapo como siempre, con esos 61 años que a muchos les gustaría llevar como él. Feliç aniversari, Joan.
Volví, a la vida normal, a la blogosfera, a mi casa, mis cosas, mi contacto con vosotros. Y volví a Barcelona, descansé de todo el cansancio acumulado de los días de congreso y me desperté en un sábado otoñal, preludio del cambio de hora que se aproxima esta noche, ese tan traidor que te permite dormir una horita más el domingo pero después te deprime provocando que el día acabe antes. Ahora sí que empieza de verdad el tiempo de las tardes de manta, sofá y peli, de la nostalgia, pero también de disfrutar de buena música como esta que hoy pasa por aquí, que probablemente muchos no conozcáis pero que creo que a algunos os gustará mucho.
Hace dos años, en un maravilloso viaje por la Provenza (lugar que os recomiendo al 100% si queréis deleitar vuestros sentidos con la luz más bonita que he visto nunca- con permiso de Cádiz, por supuesto -, el mediterráneo en esencia, ciudades con encanto infinito, buena comida y mucha tranquilidad), descubrí por la radio francesa a este cantante, muy exitoso en su país. Hijo del cantante y actor Jacques Dutronc y de la cantante François Hardy, se declara fanático del mítico guitarrista de jazz Django Reinhardt (los que hayáis visto la fantástica "Acordes y desacuerdos" de Woody Allen sabréis de quién hablo), y esta pasión la refleja en sus canciones, con el uso de la técnica del "manouche" a la guitarra, típica de Reinhard y con ese jazz de gusto clásico que tanto apetece escuchar en días como este. Aunque su carrera empezara en 1995, sólo ha publicado un disco en solitario, el "Comme un manouche sans guitarre" del año 2008.
Un disco de sonidos jazz clásicos, alegres y animados que, a través de una preciosa y suave voz, nos transportan a otra época, a la música de los clásicos de Woody Allen (si algún día cumplo mi sueño de ir a Nueva York, juro y perjuro que llevaré esta música encima), al otoño en la ciudad , lleno de luces, abrigos a tu alrededor, ganas de volver a casa y sentarte a leer en el sofá. Notas, formas de cantar y ritmos confortables. El disco es bastante heterogéneo, pero predominan en él sonidos como los que nos ofrecen estas dos canciones que he seleccionado, porque me apetece ofreceros las dos, un bonus extra por haber faltado tantos días. Y porque una va después de la otra y parece que forman un conjunto inseparable. La primera es cantada, la segunda sólo instrumental, destacando en las dos un precioso violín que demuestra que este instrumento también sirve para el jazz (y me encanta que así sea), y como no, el "manouche" a la guitarra. Una auténtica delicia que os invito a saborear este otoño, y que espero que os guste.