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sábado, 29 de marzo de 2014

Medecine - Rinoçérôse

Superado. Y con nota. Pasé ya la frontera de la treintena y al añadir un número más a la serie es cuando hago balance y digo: "Pues no ha sido para tanto". De hecho, mejor aún, diré: "Ha sido estupendo". Sí, por qué no, cumplir años siempre tiene que ser motivo de felicidad y no de desdicha, para eso ya tenemos suficientes razones mucho más importantes. Porque me doy cuenta de que me he pasado los últimos casi diez años autoconvenciéndome de que estoy viviendo la mejor época de mi vida, pasan los años, cambian las circunstancias y sigo pensando lo mismo. ¿Será que en el fondo vivo en una inconsciente burbuja de optimismo?

Ni idea. Yo lo único que sé es que sólo tengo ganas de bailar, de sentir, de vivir mil cosas, y que tengo a mi alrededor un círculo cada vez más reducido pero a la vez más cercano con los que compartir todas estas cosas, gente sin la que no concibo ni mi vida ni mi felicidad. Que aún con las adversidades, propias y ajenas, al final consigo que lo positivo acapare lo negativo. Porque mientras conserve la capacidad de hacerlo nada puede hacerme daño. Y si algo lo consigue, creo que ya tengo la capacidad de lamerme las heridas como un gato. Y no me importa.

Toda esta perorata en el fondo no es más que la excusa para pasar por aquí una de las canciones que más fuerte están pegando últimamente, una de las canciones que se está ganando su posición en mis canciones de este año. Porque es escucharla una y otra vez y sentir unas ganas irrefrenables de mover todo mi cuerpo, de sentir toda la felicidad del mundo, de empaparme de su energía guitarrera y electrónica y no querer dejarla nunca. El segundo adelanto del próximo disco de esta formación francesa con miras a la pista de baile que se me antoja irresistible en caso de poder acudir a su directo. ¿Quién puede resistirse?