La música rodea nuestro mundo, nuestra vida, no existe el mundo sin ella. Entonces, ¿por qué no rellenarla con grandes canciones y crear nuestra propia banda sonora? Melómanos sin remedio, bienvenidos.
Cómo cambian las cosas. Mi cabeza de tanto en tanto viaja a esa época de mi vida en la que los domingos y especialmente sus tardes no eran más que fuente de tormento y hastío, símbolo del aburrimiento más profundo, encerrada en una casa que no era la mía por muchos (y agradecidos) esfuerzos que hiciera e hicieran para que así la sintiera. Días enteros y tardes en las que quería huír pero no sabía ni cómo, ni por qué, ni dónde. En las que me parecía que quedarse en casa era una condena, algo insoportable, en las que había que buscar desesperadamente algo interesante que hacer.
Pasó ya tiempo desde entonces y ahora mismo hasta me apasiona la idea de estarme, de tanto en tanto, todo un domingo en casa encerrada. Sola o en compañía, cocinando, con una copa de vino acompañando una buena comida, realizando las tareas de casa, leyendo en mi galería, durmiendo siestas eternas, viendo películas y series, arreglando el mundo, trasteando por internet, escuchando música (eso siempre), escribiendo o simplemente vegetando en el sofá. Llega la noche y no me importa, no tengo la sensación de haber perdido el tiempo que solía tener por entonces, hago repaso del día y me siento satisfecha.
Lo que es la vida, y las circunstancias, y lo que duele entender el por qué de todas aquellas sensaciones pasadas, y el lamento de haber hecho tanto daño sin quererlo y sin darme cuenta, al son del pensamiento de por qué no me di cuenta antes, y ahorrar más dolor del que fue causado. Nada se puede hacer por corregir el pasado, pero en días fríos, grises, lluviosos, solitarios pero increiblemente agradables como este de repente me surgen todos estos pensamientos mientras, intentando desintoxicarme de las brutales sensaciones del conciertazo de anoche de Eels, que os relataré en pocos días, sonó esta tremenda canción que abre el "A ghost is born" de Wilco. Un tema con un increíble y desgarrador solo de guitarra que parece atender a todo el desahogo que necesito para desprenderme de estas reflexiones. Lo sé, Wilco otra vez, pero qué queréis qué le haga. Cosas de la inspiración y el momento, de la espontaneidad, de la necesidad de escribir que, al fin y al cabo, es de lo que nace este pequeño espacio. Que tengáis un buen domingo.
El tiempo pasa, tan rápido como un parpadeo, y de manera tan sutil que a veces hasta asusta darse cuenta de repente. Hoy este pequeño espacio musical cumple nada más y nada menos que tres años. Sí, hace exactamente tres años me colocaba delante del escritorio de blogger para dar forma a la que sería la primera entrada, aún sin saber qué me depararía con él, a quién llegaría. ni cómo me sentiría con él al cabo de tanto tiempo como ha pasado. Ni tan sólo cuántos años más duraría la aventura. Muchísimos cambios han sucedido en mi vida desde ese primer día, así como he vivido muchas experiencias, mucho de ello reflejado de una u otra manera en cada una de las entradas escritas. De la misma forma que el blog ha ido cambiando y evolucionando casi sin intención, de manera natural, tal y como yo misma he sentido que debía hacerlo, aún conservando la esencia que en el fondo sigue siendo la misma que por entonces.
Como cada año repito, una de las mejores cosas que tiene esta experiencia es compartirla. Con todos vosotros, con vuestras visitas y vuestros comentarios, porque enriquecéis los textos, porque me transmitís entusiasmo y calor, porque ya formáis parte de mi vida y porque en algunos de vosotros he encontrado algo más que simples compañeros bloggers sinó que encima disfruto de vuestra amistad. Tanto los que seguís comentando y activos por este micromundo digital como aquellos que habéis dado un descanso a esta actividad pero de los que de tanto en tanto recibo una calurosa visita o simplemente sé que aún estáis por aquí. Mundosub (felicidades a ti también por tu bloganiversario y como siempre gracias por iniciarme en esta locura), Viola (qué haría sin ti??), Midas (ahí que has estado desde el primer día!!), JMHulme y Vanessa (mis niños), Johnny y Bboyz (fuentes inagotables de amabilidad y conocimientos musicales infinitos), Boris y Silvo (siempre amables y abiertos a cualquier propuesta), Savoy Truffle (otra enorme fuente de conocimiento), los chicos de Ciudad sin discos (todo simpatía), Sergio DS (el buen rollo personificado), Mara miniver, Lleonard Pler y Rebeca Aguilar (enormes hallazgos de estos últimos meses), Lapor, Uri, Royaleconqueso, Menlove Avenue, Archer, Sergi (que aunque estéis menos activos me acuerdo mucho de vosotros), y por supuesto mi amiga Miriam que sigue dejando su huella por aquí y me encanta. Estoy segura de que me estoy dejando a alguien y me disculpo de antemano, me resulta difícil acordarme de todo el mundo. A todos vosotros, los mencionados, los que olvidé. Y este año quería hacer hincapié también en los que pasáis con cierta regularidad por aquí aunque no dejéis huella. Mil gracias porque sin ninguno de vosotros todo esto no tiene sentido.
La canción escogida para celebrar este aniversario tiene todo el sentido del mundo. Quería que fuera un grupo que ya estuviera en mi vida desde los primeros días pero en el que haya ido profundizando a lo largo de todo este tiempo hasta convertirse en uno de mis fetiches, tal y como siento que han ido aumentando mis conocimientos musicales a lo largo del tiempo. Y que pusiera de acuerdo al mayor número de visitantes, lo cual os puedo asegurar que es muy difícil. Wilco, nunca fallan. La canción, que no fuera de las primeras que les conocí sinó algún tema que haya conocido y del que me haya enamorado más adelante. Esta delicia del "A ghost is born" cumple de sobras. Porque si para una cosa me ha servido el blog ha sido para empaparme de mil propuestas y canciones y alimentar mi melomanía de manera irrefrenable. Una melomanía que sigue siendo el motor principal de continuar con todo esto y a la que sin daros cuenta también dais alimento. Que sea por mucho tiempo más.
Fue un lunes caótico, desagradable, de esos que deseas que acaben cuanto antes. Pero, por suerte, con recompensa, porque después de tanto tiempo detrás, al fin pude cumplir mi sueño de ver a Wilco en directo. La ocasión, una tercera oportunidad que se me brindó a la que no podía decir que no. El lugar, inigualable, mítico, excepcional. El teatro del Liceu. Lo cual elevaba el precio de las entradas a niveles casi inasumibles que finalmente no fueron para tanto y que, de perdidos al río, acepté pagar. Junto con mi amiga y compañera de conciertos Adriana, quizás una de las personas con las que más conciertos he compartido este año, esperamos expectantes y con un buen paseo acompañado de terapéutica charla los minutos y las horas anteriores. Entramos con los nervios a flor de piel y en el elegante hall del teatro aparecieron apresurados JMHulme y Vanessa, esta última con cara de sorpresa por no haber sabido hasta el último momento que su destino era ese mismo. Faltaban unos minutos y cada uno se dirigió a sus sitios, aún más expectantes, sobretodo yo por ser la primera vez que veía a los de Chicago. Imposible tener más ganas.
Puntualísimos, a las 21.30 aparecieron Jeff Tweedy y compañía sobre el escenario y a los primeros acordes de "Misunderstood" mi vello se erizaba. Toda la potencia de la banda en marcha y la voz de Tweedy inmejorable. La noche prometía magia y llegaba a los pocos minutos, a los pocos segundos. Y de las canciones viejas a las nuevas, arrancando con toda la energía y la experimentación de "Art of almost". A las pocas canciones, el vello en punta empezaba a sentir la compañía de las lágrimas en mis ojos, inusitadas, al escuchar "You are in my face". Lágrimas que no iban a cesar, sinó a incrementarse, al escuchar las primeras notas de la canción que más ganas tenía de escuchar en directo, la maravillosa e inigualable "Impossible Germany". Llegó el momento de Nils Cline, ese solo de guitarra único, que estalla cuando Tweedy se le une y se contestan sus guitarras. Acabó la canción y todo el público del Liceu se puso en pie para aplaudir durante casi un minuto como si el concierto hubiera acabado. Y yo no me lo creía, era incapaz de bajar de la nube en la que me había sumido ese momento tan esperado. Esos momentos en los que sientes que da igual lo que hayas pagado por un concierto, que sólo por vivir cosas así se lo valen.
Ya en la nube, para acabar de dejarme perpetuamente en ella, mi favorita del último trabajo, "Born alone", y yo no podía ser más feliz. Circularon más temas del nuevo disco, combinados con diferentes y diversas reliquias de sus anteriores trabajos. Exceptuando el penúltimo, no dejaron ni un sólo disco sin representación. Pasaron "Handshakes", "Radio cure", "Via Chicago", "Forget the flowers", la dulce "Hummingbird", entre otras. Para llegar al supuesto final con un "A shot in the arm" que me llegó al alma con ese piano de base y ese alarido final, y que me hizo certificar aquello de lo que estaba convencida. La grandeza del "Summerteeth", razón por la cual decido acompañar la crónica con esta canción, como pequeño homenaje a ese gran trabajo del año 1999 que contiene toda la esencia de la banda de Chicago.
Obviamente no se trataba del final del concierto, aún faltaban grandes temas por escuchar, como "Are you going to break my heart" o el esperadísico "Jesus, etc" que el propio Tweedy nos pidió que cantáramos con él y que todos obedecimos, dando lugar a otro momento esperado y mágico. Para volverse a ir con el "I'm the man who loves you" dejando a todo el público en ovación y en pie, porque queríamos más. Eran pasadas las 23.30, las dos horas y poco habían volado, y atendiendo a nuestra petición volvieron a salir para rematar el concierto dejándonos a muchos en pie sin dejar de moverlos con su faceta más rockera, brindándonos un alegre y jolgorioso final de fiesta con "Outtaside (Outta mind)" y "Hoodoo Voodoo".
¿Son Wilco una de las mejores bandas del universo actual? Multitud de
veces he escuchado esa misma frase, y aunque es una banda que desde que
la conozco me ha entusiasmado, nunca he llegado a plantearme tal
afirmación hasta haberles visto en directo. Ahora puedo certificarlo. Si no la mejor, una de las mejores, sin lugar a dudas. Y más tras haber presenciado un directo muy
especial, en un ciclo de conciertos en los que estaban dispuestos a
darlo todo, a la perfección técnica, al sonido inmejorable, a no dejar
fallar ni un solo detalle. Sabía que eran muy grandes, sí, pero me hizo
falta verles en acción para convencerme, porque es imposible que dejen
indiferente a nadie.
Sin duda una de sus grandes bazas,
lo que los hace tan tremendamente especiales, es esa enorme variedad de
sonidos, incluso dentro de los mismos discos, e incluso de las mismas canciones. Deambulando desde el folk
más tranquilo hasta la experimentación y la distorsión guitarrera,
haciéndole guiños al country y al rock más puro, pasando por un cierto
desenfado pop en algunas canciones. Probablemente cada uno de sus incondicionales tenga su
faceta favorita, o finalmente nos acabemos decantando por varias por no
poder escoger sólo una canción que las represente. Lo mejor de toda esa
mezcla es que nunca es pura, nunca es convencional, siempre tiene
elementos nuevos, ese toque de la casa que los hace únicos. Como por
ejemplo esa enorme capacidad para pasar de una dulce melodía hasta un
guitarreo enérgico como sucede en "Born alone" y que quede impecable. O el arte de pasar del folk más reposado y triste a la distorsión más inesperada en "Via Chicago". Cosas que sólo ellos pueden conseguir de manera tan brillante. Nadie más.
Tras el concierto, volver a casa (cartel regalado en mano) y no poder dormir. Tener los ojos como un búho y los sentidos aún con los pelos de punta por todo lo vivido musicalmente durante dos horas y cuarto en un recinto mítico. Que las canciones se mezclen en tu cabeza y retumben como si no quisieran abandonarla, que la voz del cantante, perfecta y afinada, se te haga inolvidable, que esa guitarra te siga manteniendo en vuelo y no te deje escapar. Que las imágenes sigan pasando a toda velocidad por tus ojos, que no tenga fin, que desees aún estar ahí dentro. Que hayas deseado que aquello nunca acabe, que anheles que la música siga envolviéndote igual, por todos lados, erizando tu piel, extrayéndote las lágrimas, haciéndote moverte y dar palmas sin cesar. Probablemente cierres los ojos al fin y sueñes que aún continúa, que aún tienes abajo a ese hombrecillo simpático que esconde su timidez bajo un sombrero, de voz inigualable y carisma peculiar que dirige una perfecta orquesta rock a su alrededor. Y desear volverles a ver. Que no tarden mucho, que hay ganas de más.
Si a todo esto le unes la suerte de que todo ello ha sido registrado y colgado en la web de radio 3, la felicidad no puede ser mayor. En pocas ocasiones (por no decir ninguna) he gozado de esta enorme suerte, de poder volver a escucharlo una y otra vez, de decir mientras tanto "Yo estuve allí". Os recomiendo a todos los que os guste la banda que le deis una escucha porque es una auténtica maravilla de grabación. Un testimonio casi único. Disfrutadlo.
No es que haga exactamente una primavera otoñal, como primaveral empezó el otoño pasado. No es que no tenga sensación de primavera, quizás porque hace ya más de un mes que la siento y quizás ya ni la noto. Pero este frío de abril, estas tardes de cielos grises y encapotados que hemos tenido los días pasados, tan típicas de esta época por otro lado, me provocan una extraña sensación. Algo parecido a una especie de nostalgia otoñal. Leve nostalgia de una pequeña época muy cercana en el tiempo, pero que por otro lado me parece ahora lejana, y que por ello precisamente siento esa misma nostalgia. Un fenómeno extraño, sí, casi incomprensible, pero que quizás alguno de vosotros haya sentido en algún momento.
Podríamos echarle la culpa a estas días tan grises en los que he retomado, después de varios meses, el último trabajo de Wilco, "The whole love", uno de esos discos que no incluí en mi lista de discos del año pero que se quedó a las puertas. Un disco que me acompañó mucho durante esa misma época de la que ahora mismo siento nostalgia, que me trae dulces recuerdos muy recientes, pero de esos que se vuelven agridulces al reconocer que, muy probablemente, nada volverá a ser igual. Y volver a escuchar en bucle de nuevo esta canción, mi favorita absoluta del conjunto, acrecenta esa sensación. Porque, además, siento que alberga entre esas guitarras tan alegres ese mismo toque nostálgico que acompaña tales sentimientos. Como si la canción los buscara, o bien hayan sido los mismos los que toparon de nuevo con la canción. Nunca lo sabré, no, pero mientras tanto vuelvo a disfrutar como una enana y a emocionarme con este precioso tema. A volverlo a escuchar una y otra vez, como entonces. Porque por suerte, hay cosas que no cambian. Y menos aún con la perspectiva de escucharlo en directo en poco más de un mes. Que lo disfrutéis.
Como quien no quiera la cosa, un jueves 1 de septiembre se convierte en casi improvisado viernes, y de repente me encuentro en que para hacer un favor y acompañar a una de mis compañeras de piso, me retiro dos días a los Pirineos franceses marítimos, a un lugar precioso, tranquilo, en el que el verano sí que da los últimos coletazos de verdad. Una pequeña aventura, en realidad, algo bastante improvisado, con un viaje de pocas horas en un viejo coche y aún sin alojamiento definido ni planes específicos, aparte de leer al lado del mar, estar en la playa o hacer algún paseo tranquilo por allí. Casi como si fuera un pequeño regalo post-vacacional al inicio del mes en el que se supone que todo vuelve a la normalidad. Paradójico como poco.
Me apetecía dejaros este fin de semana con algún tema de mis favoritos, y aprovecho para recuperar por aquí después de casi más de un año a Wilco, otra de mis bandas predilectas, a la que quizás tenga oportunidad de ver en directo en el Palau de la Música de aquí a pocos meses. Poco más hará falta decir sobre la banda de Jeff Tweedy, que tantos años llevan en escena y que han conseguido mantenerse en la palestra sin dar la sensación de que siguen sonando igual ni haber realizado demasiados cambios de estilo, algo que pocos consiguen. Este otoño sacarán su nuevo disco, del cual ya adelantaron varios temas que suenan de maravilla, pero hoy me apetece poneros una de las joyitas de su homónimo último disco, publicado hace dos años, en el que colabora la cantante canadiense Feist dándole su toque especial y combinando a la perfección su voz con la de Tweedy. Una canción tranquila pero con un cierto ritmo, deliciosas polifonías y un toque de dulce melancolía. Ideal para acompañar un viaje al atardecer, rodeado de bonitos paisajes, quizás; como muchos de los temas de Wilco. Espero que os guste.
Como habéis notado estos días, las entradas llegan tarde y en malas horas para mí, y me disgusta tener que deciros que este blog quedará parado unos días debido a cuestiones de trabajo, en las que estaré fuera de Barcelona y no tendré ni tiempo ni soporte para poder escribir entradas (intentaré encontrar un hueco para moderar comentarios, así que bienvenidos serán), que se unen a un próximo fin de semana un tanto movido, entre conciertos propios y visitas.
Por ello os dejo con una canción alegre de una de las grandes bandas que ya ha aparecido por aquí, los norteamericanos y ya clásicos Wilco, cuyo último concierto en Barcelona lamenté muchísimo perderme. La canción que hoy os presento no es un clásico de ellos, ni un single, casi que podría definirse como un poco una rareza. Pertenece a la segunda parte de su "Being there", publicado el año 1996, un álbum con un grandísimo aire norteamericano y muchísimos tintes de country rock.
Un intenso country rock que se siente en cada nota y acorde de esta canción. Indudablemente lo que me atrapó y me encanta de ella es sin duda ese violín que suena durante toda la canción. Porque me apetece darle un homenaje a este instrumento que tengo como hobbie tocar, que tantas alegrías me ha dado y me sigue dando y que este fin de semana finaliza temporada de ensayos y conciertos con mi orquesta de cámara. Y también para dejaros con un buen sabor de boca y un poco de alegría y ritmo que también me irán de maravilla para estos ajetreados días. Espero que os gusten y nos vemos de nuevo el lunes que viene, ¡os echaré de menos!
Mientras sigo cavilando en la posibilidad de ir al Primavera Sound (el precio es alto... pero algunos grupos que vienen son demasiado tentadores como para faltar), he pensado en mi favorita de uno de los grupos estrella de este año, Wilco.
Activos desde 1995 y con 8 álbumes en el mercado, son consideradas una de las bandas más importantes de la escena alternativa americana, con notable éxito en las listas estadounidenses. Su estilo es un rock bastante suave, sin demasiadas estridencias, liderado por la característica y casi rasgada voz de Jeff Tweedy.
El tema que hoy propongo pertenece a su penúltimo álbum, "Sky blue sky", del año 2007. Algunos a los que les gusta el grupo dicen que quizás no sea su mejor álbum, al ser posiblemente más suave que el resto. A mí, a decir verdad, me gusta mucho el álbum, y esta canción es mi favorita.
Me encanta porque me transmite calma, porque me resultan muy agradables sus acordes, y por esas preciosas de guitarras, solas y en acorde, que copan todo el final y culminan la canción. Una joyita.