lunes, 14 de abril de 2014

The upsetter / Love letters - Metronomy

Primavera de verdad, recién estrenada en su esplendor y con sus tardes largas que aún nos confunden y alteran nuestros horarios. Una luz y un sol cada día más intensos que insuflan felicidad y ganas de moverse, colores que van tomando los parques de la ciudad y chaqueta arrastrada porque las noches aún son traicioneras. Aunque también es lluvia inesperada cada vez menos refrescante y días de clima alocado e indefinido, de esos que te pueden echar atrás un plan en menos de media hora. Pero qué más da si a nuestro alrededor la vida explosiona y acaba ganando la batalla.



Primavera que marca la cuenta atrás para el fin de semana más esperado de todo el año, la primavera musical en forma de Primavera Sound. Que entre su suculentísimo cartel de este año cuenta con Metronomy, cuyo segundo disco publicado hace pocas semanas podría reflejar todo este cúmulo de sensaciones entre sus canciones, aunque algunas se adelanten un poco y realmente nos transladen al verano. Un disco que empieza con "The upsetter", una canción de melodía luminosa pero letra triste y desesperada que finalmente resulta totalmente adictiva, y acaba de florecer y estallar en esa "Love letters" que le da título y en cuyas trompetas finales quisiera vivir para siempre porque parecen guardar la esencia de estos días.

Primavera en unos sonidos que evocan al Mediterráneo más luminoso fabricados en la más gris Inglaterra, probablemente influenciados por ese mar de la Riviera inglesa de la que proceden. Sonidos que ya mostraban en su disco de debut y que llevan más allá en este, combinando temas más bailongos con otros más tranquilos, jugando con una electrónica sutil y elegante que se empapa de pop y funk, de guitarras suaves y ritmos juguetones. Una propuesta apetitosa que muero de ganas de poder disfrutar en directo (si algún solapamiento doloroso, muy probable con el apretado cartel del primer día de festival, que alberga más del 50% de las bandas que más ganas tengo de ver) y que está llenando de música mi alrededor todos estos días. Dos canciones claramente candidatas a canciones de este año.

The Upsetter by Metronomy on Grooveshark

Love Letters by Metronomy on Grooveshark

sábado, 29 de marzo de 2014

Medecine - Rinoçérôse

Superado. Y con nota. Pasé ya la frontera de la treintena y al añadir un número más a la serie es cuando hago balance y digo: "Pues no ha sido para tanto". De hecho, mejor aún, diré: "Ha sido estupendo". Sí, por qué no, cumplir años siempre tiene que ser motivo de felicidad y no de desdicha, para eso ya tenemos suficientes razones mucho más importantes. Porque me doy cuenta de que me he pasado los últimos casi diez años autoconvenciéndome de que estoy viviendo la mejor época de mi vida, pasan los años, cambian las circunstancias y sigo pensando lo mismo. ¿Será que en el fondo vivo en una inconsciente burbuja de optimismo?

Ni idea. Yo lo único que sé es que sólo tengo ganas de bailar, de sentir, de vivir mil cosas, y que tengo a mi alrededor un círculo cada vez más reducido pero a la vez más cercano con los que compartir todas estas cosas, gente sin la que no concibo ni mi vida ni mi felicidad. Que aún con las adversidades, propias y ajenas, al final consigo que lo positivo acapare lo negativo. Porque mientras conserve la capacidad de hacerlo nada puede hacerme daño. Y si algo lo consigue, creo que ya tengo la capacidad de lamerme las heridas como un gato. Y no me importa.

Toda esta perorata en el fondo no es más que la excusa para pasar por aquí una de las canciones que más fuerte están pegando últimamente, una de las canciones que se está ganando su posición en mis canciones de este año. Porque es escucharla una y otra vez y sentir unas ganas irrefrenables de mover todo mi cuerpo, de sentir toda la felicidad del mundo, de empaparme de su energía guitarrera y electrónica y no querer dejarla nunca. El segundo adelanto del próximo disco de esta formación francesa con miras a la pista de baile que se me antoja irresistible en caso de poder acudir a su directo. ¿Quién puede resistirse?

miércoles, 26 de marzo de 2014

A Joni Mitchell con todo mi amor - Ricardo Vicente

Los que lleváis tiempo deambulando por aquí sabéis que mi especialidad nunca ha sido la música española, y menos aún en español. Pero un fenómeno extraño me está sucediendo últimamente, porque cada vez más mi tiempo auditivo se ve ocupado por grupos, cantantes y canciones en nuestra lengua. Supongo que todo son épocas, o la influencia de mi amiga Adriana, a la que he ido acompañando a diferentes eventos musicales, los determinantes de toda esta pequeña revolución musical


Hace cosa de tres meses acompañé a Adriana a una entrañable librería de Gracia a la presentación del libro-disco "Qué haces tan lejos de casa" de Ricardo Vicente y allí empezó parte de esta historia. Me sonaba su nombre, claro, sobretodo del disco que hizo junto con The new raemon y Francisco Nixon, "El problema de los tres cuerpos", del cual ya me enamoré de alguna de las canciones por culpa de mi Viola y que llevo rescatando estas semanas y corroborando lo maravilloso que es. Para quien no le sitúe, este pequeño hombre es una de las grandes figuras del indie español, habiendo formado parte de bandas como La costa brava o Tachenko. Y que en solitario es capaz de hacer sencillas canciones pop llenas de sentimiento de las que van directas al corazón, ya sea por sus bonitas letras o por sus aún más bonitas melodías.


Todo tan bonito como finalmente resulta en directo. Tal y como pudimos comprobar el pasado 14 de marzo en la pequeña Heliogàbal. En una hora y poco de auténtico sentimiento y felicidad, sonrisas y lágrimas cómplices. De belleza pop y dulce delicadeza, en una atmósfera íntima pero intensa que llenó con su voz, su guitarra y la batería de Enrique Moreno en la que todos los asistentes nos sentimos parte de una pequeña familia momentánea que sentía a la vez. Cada uno con su momento personal en forma de canción favorita, cada uno recordando o bien reescuchando de nuevo canciones en las que no se había fijado o casi había olvidado, cada uno sintiéndose identificado con una u otra frase concreta. Tragándonos o escondiendo entre la melena vergonzosas lágrimas o sonriendo de felicidad, o bien sintiendo esa mezcla de ambas cosas que exalta el alma y provoca una inigualable sensación de júbilo.


Porque no sólo fue el poder emocional de sus propias canciones. Canciones tan increíbles como "La balada de Fran y Richi", "Fue tan bello veros caer" o "John Houston" del disco que presentaba pero también algunas (y celebradas) anteriores como las preciosas "Todos tus caballos de carreras" o "El milagro de Milán". No, no fue únicamente una cuestión de buenos temas, sinó de la manera de llevarlos al directo. Quizás fuera una de las noches más inspiradas del cantante, que en todo momento comentaba lo a gusto que se sentía y lo bien que le parecía que estaba sonando, pero fuera como fuera absolutamente todo lo que sucedió fue puro amor. Amor que se coló entre nuestras entrañas, que nos caló y nos hizo felices durante un momento, del que fuimos cómplices y con el que soñamos. Y que nos hizo salir del concierto con una gran sonrisa y una sensación de dulce sentir con la que todos nos fuimos a la cama y que nos costó faena arrancar. Finalmente, un cúmulo de sensaciones que describió mucho mejor que yo esta inspirada y bonita reseña del blog del programa de radio El sonido de las montañas al revés.


Esta canción en realidad fue la culpable de que deseara acudir a este concierto. Puede que fuera la que me enamorara del disco, la que cada vez que suena en la radio me hace suspirar de repente, y como no podía ser menos una de las que más me emocionó escuchar en el concierto. Porque ese "Nunca he querido como aquel día" que grita el estribillo podría sentirlo tan propio como doloroso. Directo al alma.



Y de regalo, este vídeo para Waaau.tv que he encontrado de la presentación del libro-disco a la que acudí, la primera vez que lo escuché.

martes, 18 de marzo de 2014

Horse's mane - Animic

Mucho os debe de extrañar que hasta ahora no haya hablado de ningún concierto en lo que llevamos de año. Cabe decir que el inicio de 2014 ha estado bastante escaso de los mismos, a excepción de alguno del que se me pasó hacer la correspondiente reseña. Pero todo ha quedado compensado porque como cada año (y aún sin saber exactamente por qué) el mes de Marzo ha venido cargado de conciertos, muchos de ellos seguidos. A lo largo de la pasada semana y la anterior tuve la oportunidad de disfrutar de cuatro buenos conciertos de los que me apetece dejaros mis impresiones. Cuatro conciertos totalmente diferentes y en circunstancias y salas distintas, pero todos ellos destacables.


Hacía tiempo que no ganaba entradas en ningún concurso, después de la racha de la que disfruté hace unos años. Tuve la suerte por fin de ganar entradas para ver a Animic dentro del festival Curtcircuit, una banda que vi en el pasado BAM después de Oso leone. Resulta curioso como ese domingo resacoso dio lugar a dos grandes descubrimientos, uno de ellos esta banda catalana de interesantísima propuesta musical. Nacieron del folk y del intimismo, pero con los dos últimos discos, especialmente el último, el excelente "Hannibal", han derivado hacia sonidos más experimentales y oscuros pero altamente asequibles.


Una propuesta que se ve totalmente reflejada en el escenario de manera enérgica y contundente pero sin renunciar al intimismo, dando lugar a una fascinante atmósfera musical que te atrapa desde el primer acorde hasta el final, que te hace viajar entre sus melodías y te transporta casi a otra dimensión. Con un sonido que resulta finalmente casi único y con una gran personalidad. Una contundencia que viene dada sobretodo por la presencia de dos bajos, una potente guitarra, teclados para darle el toque de intimidad y una sencilla pero efectiva percusión ejecutada por una de las cantantes. Una percusion que consigue suplir con creces la ausencia reciente de la batería de la formación.


Pero todo este envoltorio musical no sería lo mismo sin una de las grandes bazas que tiene la formación, y es el privilegio de contar con dos grandes voces, Ferran Palau y la británica residente en Cataluña Louise Samson. Turnadas o juntas pero no revueltas, cantando en catalán y en inglés, dotan a las canciones de belleza melódica y sentimiento, especialmente ella, posiblemente una de las mejores cantantes del panorama musical catalán. Voces directas al alma que combinan de maravilla con el denso conjunto instrumental y le dan ese toque único que tienen finalmente las canciones de la banda.


En el concierto del pasado jueves 6 de marzo en la sala 2 de la Apolo Animic se dedicó principalmente a presentar casi en su integridad las canciones de su último disco. En orden diferente pero perfectamente empastadas, fueron sonando temas como "Rei blanc", la bonita "El crani i la serp" o una "Skeletons" de la que nos regalaron a todos los asistentes el código para bajarnos una nueva grabación de la misma. Aún así, dejaron para el bis dos de su anterior trabajo, "Hannah", la preciosa y casi acústica "Trenco una branca" y una "Blue eyed tree" que me resultó más familiar de lo que me esperaba.


Y obviamente no podía faltar "Horse's mane", mi favorita de todo su repertorio y la culpable de que me acabara de enamorar de su propuesta musical tras verles en directo. Una canción que para mí representa el espíritu musical del disco entero, en la que la voz de Louise suena preciosa gracias a su sencilla pero sentida melodía. Un tema emocionante, ligero pero intenso. Una auténtica delicia de la que disfruté casi con los ojos cerrados en directo, y que no podía dejar de acompañar estas líneas.


Si me gustaron en el BAM sin conocer ninguna de sus canciones, acabé de rendirme a sus pies después de este concierto. Un concierto para el que me costó encontrar acompañante pero al que finalmente me acompañó una de mis compañeras de orquesta, Isabel, que vino totalmente a ciegas confiando en mí y que finalmente disfrutó casi tanto como yo. Algo que para mí fue tan satisfactorio como el concierto en sí mismo.


martes, 11 de marzo de 2014

At home - Crystal fighters

No sé si la actividad actual de este espacio ahora mismo merece las celebraciones de aniversario que he llevado haciendo estos años. Quizás el hecho de que literalmente me olvidara el día que tocaba sea un reflejo de ello. Pero en cuanto fui consciente, decidí primero de todo cambiarme el nick y ponerme finalmente el nombre de aquella a la que siempre he hecho mención con mi nick. Porque la hija de mi adorado Atticus Finch (del excelente clásico "Matar a un ruiseñor", por si alguien anda despistado y no sabe a qué hace referencia) tiene nombre y apellidos y era el momento de hacerlos patentes: Scout Finch. De la misma manera que este blog ha ido evolucionando y cambiando desde sus ordenados y constantes inicios, el carácter cada vez más personal y caótico que ha tomado cuatro años después de que empezara esta aventura le ha dotado de la suficiente personalidad como para merecerse tal cambio.

No me queda nada más que dar las gracias a todos los que seguís aún pululando por aquí de tanto en tanto, a los que compartís vuestras impresiones sobre canciones y idas de ollas varias que pueblan este espacio y le dais vida, porque si escribimos sobre nuestros sentimientos y compartimos lo que más nos gusta en el fondo es para que se nos escuche y no sentirnos tan solos. Porque aunque estas líneas cada vez sean más campo de experimentación literaria y vía de desahogo el hilo sigue siendo el mismo con el que empezaron hace ya cuatro años, mi absoluta pasión por la música. Y para celebrarlo, una canción alegre y desenfadada, llena de luz y buen rollo. Uno de los miles de grupos que he ido descubriendo y desgranando durante este tiempo y cuyas canciones, aunque extremadamente sencillas y sin pretensiones, consiguen hacerme sonreír a los pocos segundos de sonar. Porque aunque mi presencia por aquí sea cada vez más escasa, sigue haciéndome sonreír y dándome vida, y el contacto con vosotros a través de la misma, aún más. Como cada año, mil gracias.


I left alone. I left the world, I was running,
to be by your side I was dying,
alone by your side I was flying.


I came alone, I’ve come a long way to get here,
the leaves that fall to my feet, at home,
they mean nothing to me.


martes, 4 de marzo de 2014

Someone - We have band

Tantas ganas de vivir algo que te haces una película mental tan clara y tan vívida que a momentos hasta parece ser verdad. Suerte que tienes temple y te queda algo de sentido común porque sinó probablemente ya estarías loca de atar. Pero es que cuando una mirada y una sonrisa te desbordan no hay vuelta atrás. No hay alimento para la ensoñación, ¿pero quién dijo que fuera necesario? Porque tú ya lo estás intentando, te estás sorprendiendo a ti misma haciendo cosas que pensaste que nunca te atreverías a hacer, y eso en parte te calma y te consuela. No tiene recompensa directa pero con la satisfacción personal a veces hay suficiente. Porque es mejor intentarlo que seguir acumulando “¿y si?”s en nuestra vida. Con cabeza, con moderación y con buen hacer, quién sabe si al final conseguirás tu objetivo. Otros lo han logrado, ¿por qué vas a ser tú menos?

Aunque sea para algo pasajero, corto, con fecha de caducidad. Pero tan apetecible y una oportunidad tan buena que casi peligra el convertirse en una auténtica obsesión. Va, por suerte tienes esos dos dedos que los años te han incrustado en la frente y sabes que serás capaz de llevarlo con dignidad y sin llegar a ello. Porque en el fondo sabes que todo roza la fantasía y la ensoñación, que cada vez tienes más pruebas de ello pero pero qué más da. Lo vas a seguir intentando con toda la elegancia de la que eres capaz, sabiendo que no tienes nada que perder. Y que, sobretodo, el camino va a ser tan o más divertido como el objetivo, y que si recibes algún golpe no vas a dejar que te haga daño. Porque al final es lo más importante, disfrutar de las pequeñas cosas, de los procesos. Darle un poco de chispa a la vida. 

Para acompañar un sentimiento así, escojo casi al azar una de las canciones que forman la cada vez más rápidamente poblada lista-saco de canciones de este año. La afortunada, este luminoso tema tan adecuado para hacerlo. Tan positivo, fresco y alegre como estos sentimientos, una canción para sonreír y disfrutar de la vida. El adelanto del nuevo trabajo de esta banda británica a la que siempre debí una escucha en profundidad y que este tema puede ser una buena excusa para hacerlo. Porque lo importante es quedarse con lo bueno. 

Lust for 
Living your life for all the things you 
Lust for

...

Someone
Someone is gonna take you
You're ready you're ready
To feel it
Feel it when it makes you oh

miércoles, 26 de febrero de 2014

Carnival - The family rain

A veces sólo es una cuestión de desahogarse. De sacarlo todo, de tocar fondo y renacer, de que alguien te dé la confianza para hacerlo. Adelante. Porque después de todo la tormenta pasa en un segundo, te vas a dormir y al día siguiente sientes que eres alguien totalmente nuevo. Y de repente el día toma un cariz sorprendente, eres capaz de hacer lo que hasta ese día no te atreviste a hacer, recibes una esperada noticia y vuelves a casa con más energía que nunca, con mil cosas que contar de repente y muchas ganas de sonreír otra vez.


Ya puede ponerse el resto de la semana bizarra, sentir que quieres que acabe, que ya no puedes con tantas cosas, con tantas emociones, con tanta montaña rusa emocional a tu alrededor, que al final todo te da igual. Aunque desees que los siguientes días sean aburridos e insulsos, que vuelva una cierta normalidad todo a tu alrededor. Todo es una cuestión de tomárselo con filosofía y nuestra bebida favorita por delante. Y por supuesto, nunca solos sinó con la mejor compañía del mundo, sea la que sea. Porque al final hay muchas cosas con solución y esta es más sencilla de lo que nos creemos.

Tras la tormenta esta canción se incrustó en mi cabeza y sus uh uh uhs fueron la gasolina que necesitaba para afrontar la calma. El tema que abre "Under the volcano", el álbum de debut de esta formación inglesa que, sin ofrecer nada que no hayamos escuchado antes, facturan temas alegres y desenfadados, rítmicos, con buenas melodías y estribillos y buenas dosis de guitarrazos pop llenos de energía. Una canción soleada y cálida como este invierno extraño que estamos teniendo, ideal para impregnarse de energía y salir a la calle con una sonrisa. ¿Quién no ha sentido nunca ganas de echarse unos bailes enmedio de la calle y protagonizar su propio musical?



martes, 18 de febrero de 2014

I should live in salt - The National

Vivir en un limbo de felicidad continua y ser consciente de ello hace que cuando algo te hace topar con la realidad caigas en modo montaña rusa y dejes de sonreír por unos días. Y la gente, acostumbrada a verte siempre con la curvatura en los labios y oyéndote reir desde kilómetros de donde estás se extraña, y te pregunta, y te da la sensación de que no tienes ningún derecho a estar así. Y es que en realidad es así, porque la vida no va a ser siempre ese limbo en el que vives y es lo que hay. Algún día te tocará relativizar la felicidad y disfrutar de verdad de las pequeñas cosas si no quieres hundirte. No valdrá entonces vivir de la nostalgia si no quieres acabar en el pozo.

Entonces topas con un día gris y casi decides voluntariamente fundir tu estado de ánimo con el día y retroalimentarte, regodearte en él, sentir que te rasca la espalda. Quizás porque no has podido desahogarte, porque te da vergüenza hacerlo, porque casi te da vergüenza sentirte así. Porque lo mejor que podrían hacer contigo es pegarte un tortazo para que con él se fueran volando todas las tonterías que tienes en la cabeza. Porque en el fondo no son más que eso, nimiedades, preocupaciones del mañana contra las que poco o nada puedes ni podrás hacer más que afrontarlas si algún día resulta que finalmente se hacen realidad.

Con todo lo que me ha ido pasando desde que escribí las últimas líneas por aquí y ha tenido que ser hoy y en este estado cuando me he decidido a llenar el blanco de la nueva entrada de blogger. Con la de canciones que podrían haber pasado y no lo han hecho, para acabar poniendo la que inaugura el último disco de The national, un disco que nunca pensé que me iba a costar tanto escuchar entero pero que poco a poco me atrapa. Que tendré la oportunidad de ver en directo, si los benditos solapamientos no lo impiden, en la próxima y apetitosísimas edición del Primavera Sound. Una canción y un disco que de repente hoy se me hicieron imprescindible y me resultan la banda sonora ideal para acompañar este pequeño desahogo. Prometo volver positiva.

I Should Live in Salt by The National on Grooveshark

viernes, 17 de enero de 2014

Sonsick - San Fermin

Mi primer flechazo total y absoluto de este 2014 resultó estar en el disco que mejor me sienta escuchar estos días. Además, cuando lo necesito, mientras atravieso las puertas correderas de mi trabajo y bajo a cobijo de la oscuridad y el frío de la noche hacia el metro, camino de casa. En el estribillo liberador de esta canción encuentro mi vía de escape mental por unas horas de todo lo que me ocupa el esto del día, con mi cansancio tomando el relevo y imposibilitándome después incluso el poder escribir estas líneas que tantas ganas tengo de llenar.

En este duro comienzo de año encuentro refugio al final del día entre la elegancia y el aroma clásico que desprenden las diecisiete canciones que componen esta pequeña delicia que es el primer y homónimo disco de San Fermin, alias del proyecto del productor y compositor Ellis Ludwig-Leone. Acompañado por los excelentes cantantes Tate Allan, cuyo timbre inevitablemente nos recuerda a Matt Berninger, Jess Wolfe and Holly Laessig (ambas de la banda Lucius), y por más de veintidos instrumentos, construye un trabajo para degustar poco a poco, variado y original.

Un trabajo cuidado al detalle, donde la formación musical universitaria y clásica del compositor asoma por todos lados con el carácter de pequeñas piezas de clásica cercana a la contemporánea que son cada una de las canciones. Más melódicas y épicas como la inicial "Renaissance!", sencillas y cercanas al folk como "Casanova" o "Methuselah" o bien totalmente experimentales como "At night, true love" o "The count". Música clásica y moderna dándose de la mano con gusto y determinación, sin miedo a dejarse empaparse una de la otra. Mostrándose efectivo y arriesgado a la vez, dispuesto a llenar nuestros oídos con un festival de voces e instrumentos tan evocador como rico en matices.

Y enmedio de todo este conjunto, la joya, la culpable de todo. La canción que escuché por la radio una mañana atareada a la espera del primer café y de la que me enamoré al segundo. Una explosión de sonido en la que vientos, cuerdas, electrónica y voces se montan su fiesta particular y hacen partícipes a todos nuestros sentidos. Una canción de las que te envuelven y se cuelan a través de la piel por todos los capilares circulando por todo nuestro cuerpo. Dándonos con ello una confortable sensación de desahogo y alegría a la vez. Y que resulta finalmente tan adictiva que no puedes escucharla sólo una vez. Probadlo y me daréis la razón.

I found me a hopeless case, and resolve to love
Maybe we can find a decent place
When I'm old enough
Found love in an empty gaze, try to fix it up
I found me a hopeless case, oho oho


[...]


Oho, don't be scared / That it's a harder kind of feel
Hold on tight / You must hold on unless you're in it

Ease your mind / And when you think, you're thinking clear
It's alright / You're really tied up and committed
Won’t you say? / But it’s an awful lot of talk
Stop the fight / Before the fire burns too quickly
Don't be scared / Why do you wanna hurt at all?
Hurts all right / Someone's summer kind of sickness 


domingo, 12 de enero de 2014

Laurens walking - Angelo Badalamenti

Realizar un viaje casi irrealizable, difícil de creer para todo aquel con el que se cruza. Perder tanto la noción del tiempo real que tenga que preguntar a qué día está para saber cuánto lleva en la carretera. Atardeceres y amaneceres se suceden e iluminan el camino, un fuego nocturno sirve de cobijo y calor, y la gente a su alrededor pasa, se sienta, charla y se va. De todos aprende pero sobretodo todos aprenden de él. Y todo ello con un firme objetivo: tragarse el orgullo y mover cielo y tierra para volver a ver a su hermano después de diez años sin hablarse. Porque según Alvin Straight, un hermano es la persona que mejor te conoce en el mundo. "Espero no llegar tarde".

En los tiempos de las prisas, de la mensajería instantánea, del aquí y ahora, de la eterna juventud, te topas con una película como "Una historia verdadera" y sientes verdadera paz. Una paz que rezuma entre la tierna y sabia mirada de Alvin, en su resignación y la aceptación de todo lo que le ha pasado en la vida, en su manera de hablar, entre infinitos campos de cereal iluminados por un cielo naranja, en la paciencia y el trote de esa cortacésped de recorrido impensable en la que nuestro protagonista no tiene más remedio que usar si quiere hacer ese viaje. Y sin dejar escapar el sombrero.

Paz que sientes también con la música que le acompaña durante el viaje. Imposible haber imaginado mejor banda sonora para complementar las preciosas imágenes y la bonita historia que nos cuenta el film. Una historia contada sin prisas, casi al ritmo del transporte que la protagoniza, con una música perezosa y de ritmo pausado. Pero llena de pequeños detalles, directa al corazón con su sencillez, pura y emocional. Con los pies en el suelo de su constante guitarra de base y la fluidez y color de los violines que llevan la melodía.

Vi esta película de adolescente en un cine de verano, y trece años más tarde vuelvo a verla y me doy cuenta de lo mucho que recuerdo sus escenas. Porque deja tanta huella como el protagonista por allí donde pasa. Porque, igual que él, resulta totalmente inolvidable. Y deliciosa. Tal y como es su música.