jueves, 24 de octubre de 2013

Give up - Miles Kane

Saber que vas a acabar herida, que sufrirás, que todo lo bueno acabará algún día y te costará unos cuantos más asumirlo. Pero aún consciente de todo ello, te lanzas al acantilado, da igual. Porque te apetece, porque las sensaciones que te está proporcionando por el momento son inigualables, únicas, casi nuevas. Porque sentías necesidad de sentirlo. Porque esto tenías que vivirlo, se te brindó una oportunidad de oro para hacerlo y es el momento de hacerlo. Y de aprender de ello, pero sobretodo de disfrutarlo. Sin pensar en el futuro, ni a dónde vas; nada más que en sentirlo, vivirlo y beberlo con intensidad, empaparte de todas sus emociones, como si de unas vacaciones eternas se tratara.

Por una vez en tu vida tienes la oportunidad de vivir algo sin responsabilidades, sólo la cara positiva, casi como un limbo o un sueño eterno. Un regalo que te ha caído del cielo, en inmejorables condiciones, no podría haberte salido mejor, no lo podrías haber deseado mejor. Un caramelo preciado, tan dulce como peligroso, cuyo riesgo constituye también su esencia, lo que lo hace aún más interesante. Porque sí, llegarán las lágrimas, pero también se disiparán dejando al hacerlo una sonrisa y un bonito recuerdo con el tiempo. Quién sabe la de párrafos y páginas que inspirará.

Tantas canciones están pasando por mis oídos en este improductivo por aquí pero intenso mes de octubre que me es casi imposible escoger una para acompañar estas líneas, para recordar de repente el disco de este niño mimado del britpop actual y dejarme llevar por su energía, su picardía y ese toque entrañable que tienen sus canciones. Como esta intensa "Give up", una canción liberadora, de las que te empapan, para desahogarte a gusto con su estribillo.

You stand so tall
You come and take it all
Give up
Come on and give up control

 


sábado, 28 de septiembre de 2013

Tot torna a començar - Mishima

Una ciudad, Barcelona, en la que hoy hace ya diez años que aterricé. Una ciudad a la que llegué con veinte años pero mucha inocencia a mis espaldas, con profunda tristeza por lo que dejaba atrás y mucho temor e ilusión a partes iguales ante todo lo que me esperaba en ella. Una ciudad que se me hacía inmensa, vieja conocida como paseante pero en la que me sentía totalmente fuera de lugar, acaparadora y fascinante a la vez. Una ciudad que por determinadas circunstancias tardé en explorar, que he ido saboreando poco a poco a lo largo de este tiempo. Una ciudad a la que me costó hacerme más de lo que pensaba pero que me ha ido cautivando y atrapando con los años hasta el punto de no querer marcharme de ella.


Una ciudad que nunca deja de sorprenderte, bellísima e inabarcable. Una ciudad que ha sido testimonio de millones de mis historias, en la que tantísimos rincones han sido escenarios en uno u otro momento de las mismas. Una ciudad en la que me he hecho mayor, en la que he descubierto muchas cosas, que me fue abriendo la mente de una manera que posiblemente nunca hubiera conseguido quedándome en mi ciudad de infancia. Una ciudad dura, desafiante, que no regala nada y que tienes que ir haciendo tuya poco a poco, con paciencia, pero que si lo consigues la sientes tan tuya como las miles de almas foráneas que, al igual que tú, pululan por ella y quedaron finalmente atrapadas.


Una ciudad en la que me he topado con muchísima gente con la que he compartido buenos momentos, en la que me he hecho mi hueco y en la que, sobretodo, he encontrado grandísimos amigos, que al fin y al cabo es lo que acaba enganchándote a un lugar. Una ciudad que, a día de hoy, me ofrece casi todo lo que quiero y necesito, que quizás ha moldeado mi forma de ser a la vez que he ido aprendiendo a moldearla a mi forma de ser. Una ciudad mediterránea, viva y abierta como soy o he acabado siendo yo. Una ciudad en la que realmente siento que quiero quedarme el resto de mi vida.


Una ciudad en la que he tenido mil bandas sonoras, que supura música por todos lados. Una ciudad para la que me ha costado encontrar una canción con lo que rendirle homenaje, pero a la que finalmente no puedo tener siempre asociada a Mishima, porque para mí ellos suenan a Barcelona. Una ciudad por la que he paseado multitud de veces con ellos en mi mp3, en la que obviamente les he visto en directo e incluso me he encontrado en alguna ocasión por sus calles. Una ciudad para mí, y si puede ser, para toda la vida.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Ficus - Oso Leone

Como siempre digo yo, el verano no acaba oficialmente hasta que no acaban las fiestas de la Mercè de Barcelona. Una Mercè sin lluvia e imparable, sobretodo de actividades lúdicas y nocturnas, cinco días de anécdotas sin fin, y grandísimos momentos compartidos. Y de entre las miles de actividades, como cada año, los conciertos del BAM, el festival de música independiente gratuito que llena la ciudad de diferentes propuestas. Este año el cartel era bastante más flojo que otros años, menos apetitoso y falto (en mi opinión), de alguna banda internacional interesante, más allá de la presencia de Miles Kane en ese atolladero que es la Damm y al que juré que nunca volvería.


Aun así, al final disfrutamos de algunos buenos conciertos. Los argentinos Él Mató a un Policia Motorizado en plaça Reial el viernes; los grandes Havalina y unos Triángulo de amor bizarro que sin acabar de convencerme como grupo reconozco que tienen un buen directo el sábado en plaça dels Àngels; y el gran día, el domingo tranquilo y familiar en la plaça Joan Coromines con los contundentes Anímic y mi sorpresa de este BAM, unos paisanos míos llamados Oso Leone que hacen algo que no había (hasta ahora, probablemente me equivoque) visto hacer a nadie por aquí.


Me animé a ir al concierto por simple recomendación en diferentes webs. Costó armarse de valor el domingo tras una larga e intensa noche de sábado, pero finalmente fue la mejor manera de paliar la ligera resaca que llevábamos muchos encima. Porque desde el minuto cero nos vimos todos embebidos en una intensa atmósfera cuidada al detalle, una atmósfera de predominancia instrumental aunque con aparición momentánea de la voz cantante en inglés dándole la última pincelada. Toda una experiencia sonora que caló en mis huesos y que hizo que acabara moviendo al cabeza y casi todo el cuerpo hipnotizada por su ritmo, su juego con diferentes instrumentos, sus crescendos y sus momentos más íntimos. Una potente magia sobre el escenario de la que me fue difícil salir una vez me vi en sus garras. O quizás simplemente era lo que necesitaba escuchar en esos momentos.


Poco más que una canción, y de refilón, les había escuchado antes, pero no me faltó mucho más para caer rendida a ellos. Leo por ahí, y suscribo completamente, que les definen como algo a medio camino entre The xx y Grizzly bear. Podría jurar que incluso a momentos me recordaron a unos Local natives menos melódicos y dulces. Todo un conjunto de elementos e influencias llevadas a un terreno aún más experimental y menos convencional que tales referencias, pero resultando finalmente atractivo. Habiendo publicado este año su segundo disco, "Mokragora", de fuerte influencia en la naturaleza, los mallorquines parecen consolidarse poco a poco. Aunque su propuesta no es nada fácil podría considerarlos quizás como una de las formaciones nuevas más interesantes del panorama español. Originales, cuidados e inspirados y con un potente y absorbente directo. No se puede pedir nada más. Como ejemplo, la canción que abre el disco. Espero que os guste.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Right action - Franz Ferdinand

Volver casi a los orígenes musicales. A ese otoño de 2005 en el que cayó en mis manos el disco de debut de Franz Ferdinand y lo escuché hasta la saciedad una y otra vez. En el que me hizo compañía en tediosas y largas horas de estudio, cuando la carrera empezaba a ser ya un lastre y las ganas de acabar aumentaban día a día. En el que me dejé llevar hasta el infinito por la voz grave de Alex Kapranos y esas guitarras y bajo que facturaban temas llenos de energía y lirismo casi a partes iguales.

Volver casi a los orígenes musicales. Es precisamente lo que han hecho Franz Ferdinand en este último disco. Si te has equivocado en tu camino, no es mala idea volver un poco atrás para redibujarlo. Y si lo haces con criterio y buen gusto, mejor que mejor. Porque cuando todo el mundo pensaba que ya estaban perdidos, que ya no tenían salvación (aún con sus efectivísimos directos), este 2013 los escoseses nos han dado una gran sorpresa. Están de vuelta, y a lo grande. "Right thoughts, right words, right action" es el definitorio título para este sonado regreso.


Volver a los orígenes musicales. Volver a sentir con sus canciones lo mismo que sentí por entonces cuando por primera vez los escuché. Aunque sea cierto que el disco en su totalidad no llega al nivelazo de aquel, poco lo falta. Porque no tiene precio volver a sentir toda la energía guitarrera recorrerme el cuerpo con "Love illumination", la gran "Bullets", "Treason! Animals" o esta "Right actions" que fue la primera y esperanzadora pista de lo que nos esperaba. -O volver a esos coros juguetones que encontramos en "Evil eye", a las melodías juguetonas como la de "Stand on the horizons, o a los mejores ecos beatleleros en "Fresh strawberries". Y lo mejor de todo es poder hacerlo sin tener sensación de dejà vu en ningún momento. No es tan fácil.

Siento infinita envidia (sana) por aquellos que pudieron presenciar su último concierto en el pasado dCode en Madrid, porque escuchándolo en la web de Radio 3 se me han puesto los pelos de punta al ver como encadenaron hit tras hit y demuestraron que van sobrados de los mismos. Porque quiero repetir la experiencia del Primavera Sound de 2012, cuando finalmente me quité la espinita y disfruté como una enana en su concierto, con el incentivo de saltar y corear estas nuevas canciones. Bienvenidos sean de nuevo.


martes, 17 de septiembre de 2013

Byegone - Volcano choir

Los días grises parece que han venido para quedarse. Este año el verano ha decidido irse de Barcelona antes de la Mercè, y lo que parecía una tregua ha sido una sentencia, una realidad. Y con esta certeza volvió de realidad de verdad, la de pies en el suelo, la del día a día donde los problemas no han desaparecido sinó que vuelven a asomar la cabeza. Qué duro es haber vivido en una especie de limbo desde que volví de vacaciones hasta ahora. Un limbo de buenas expectativas y ansias que desembocaron y culminaron en un solo fin de semana. Tan intenso y lleno de anécdotas de todo color y tipo que convirtió en insignificante cualquier cosa que viniera después. Quizás por ello la caída es más fuerte, más dolorosa, cuanto más alta es. Porque pasan los días desde entonces y eres más consciente que nunca de ello. Es lo que tiene. No se puede vivir en un limbo constante, quién pudiera. O no, quién sabe si nos acabaríamos aburriendo y echando de menos la aburrida rutina, los problemas, ¿la salsa de la vida?

Los días grises nunca vienen solos. No saben estarlo, pobres de ellos. Vienen de la mano de diferentes sentimientos. Anteayer apatía, ayer recogimiento, hoy nostalgia. Sólo que esta vez creo que se han pasado un poco. Porque la nostalgia invade ahora todos mis pensamientos, todos mis actos, todos mis recuerdos recientes y lejanos, incluso mis comentarios y mis gestos. Tomó todos los poros de mi piel y supura por ella, se siente libre de circular a su libre albedrío por todas mis vías circulatorias y aparecer allí donde menos me lo espero. Aunque por suerte encontró una colección de canciones por las que canalizarse, convirtiéndose en manta y refugio, haciéndose mucho más llevadera e incluso curativa. "Repave", segundo disco de otro de los mil proyectos del polifacético Justin Vernon, que aún habiendo aparcado Bon Iver por una temporada nos ha regalado un disco que bien podría pasar por el tercero de su más famosa formación. Un disco evocador y lleno de mil elementos, cuidado al detalle, íntimo y enérgico, con sus matices vocales en plena forma y una instrumentación igualmente cuidada y al servicio de cada una de las joyitas que esconde. Como esta "Byegone" que podría representar todo lo que nos ofrece el álbum. ¿El disco de este otoño? No lo sé, pero por ahora sólo puedo definirlo en una palabra. Delicia.


martes, 10 de septiembre de 2013

Flutes - Hot chip

Empezó el verano con esta canción en mi cabeza y casi tres meses más tarde reaparece y se encarga de iniciar su (repentina) despedida. Una canción con sabor a sal, aspecto simpático y vivo, olor a dulce frescura, tacto sedoso y agradable y sonido suave y casi susurrante pero rítmico. Festival de los sentidos en tres dimensiones, real pero casi ensoñador, cálido y tierno, que cala lentamente y finalmente engancha, que quieres escuchar una y otra vez en cuanto caes en sus redes, que te abraza, te envuelve y te seduce.

Una canción para bailar sin fin, para dejarse llevar por la sugestión del ritmo electrónico de base que esconde, por su evolución de menos a más, dejarse sorprender por la aparición de cada uno de sus elementos, para perderse en su espiral de loops, coros, campanitas y otros sutiles efectos, en su dulce melodía, en su rítmico, repetitivo y monosilábico estribillo. Empaparte de todo ello y llevártelo en la nube de camino de vuelta a casa. Hasta una gris mañana puede resultar luminosa con ella en la cabeza.


En realidad es una canción que me ha acompañado todo el verano, que ha ocupado horas y horas de pensamiento y recuerdo, que me ha hecho sonreír cada vez que ha aparecido por mi mp3 o mi cabeza. Semanas y días de ansias y expectativas cada vez más intensas, más presentes, con ella en bucle y perspectiva hasta que la misma se hizo real. Como tantas otras de este dúo de pop electrónico al cual pasé a adorar después de pasarlo en grande con ellos en el pasado Primavera Sound, pero con algo indefinido que quizás la convierte en mi favorita, en la absoluta protagonista de todo. Del último disco del dúo, "In our heads", publicado el pasado año pero presente en mi vida ahora. Nunca es tarde.
  
I know it's nothing more than flutes
But something in my heart is loose
There's never been a better day

And if there is nothing more
Then nothing more will add, I say
There's never been a better day

Flutes by Hot Chip on Grooveshark

martes, 27 de agosto de 2013

Fireflies - Still corners

Parece que el verano ha querido facilitarme la vuelta al trabajo, con este ambiente gris y fresco. Con un día triste, lluvioso, de los de encerrarse en casa, preludio y pequeño aperitivo de otoño que al menos me ayuda a quitarme la nostalgia y a llevar mejor las pocas ganas de volver que tenía. En una semana de esas tan descolocadas como el tiempo, de ritmos reposados y vuelta a la vida progresiva a tu alrededor, quizás sea el momento de pasar por el blog una canción que pertenece a uno de los discos que más me lleva acompañando todo el verano.

Sus responsables se llaman Still corners, han publicado este año su segundo disco titulado "Strange pleasures" y podrían describirse como algo a medio camino entre Beach house y Chromatics. Menos evocadores que los primeros y menos duros que los segundos, su fórmula de sintetizadores, percusiones sutiles y voces femeninas susurrantes es infalible en su deseo de transmitirnos una acuciante sensación de relax. Canciones para degustar en cualquiera de estas noches de verano sintiendo por fin el esperado frescor, a luz ténue o mínima para poder leer. Con la mente con esa misma luz, para que todo su envoltorio y su ambiente nos empape de cabeza a pies. Algo así como lo que describí aquí para su correspondiente reseña para Crazyminds.

Y entre todas, quizás esta "Fireflies" fuera la que me caló primero, quizás por transmitirme todas estas sensaciones multiplicadas 100 veces, quizás por su melodía ligeramente arrastrada, quizás por su aurea ochentera. Sea como sea, un aperitivo adecuado para saborearlos por primera vez y dejarnos llevar por su embrujo.

lunes, 19 de agosto de 2013

Safe and sound - Capital cities

Pocas cosas hay mejores que dejar la mente en blanco por unos minutos. Pero para ello lo mejor es sumergirse en el agua, ir nadando hasta el fondo, alejados de todo el mundo, contemplar primero los montecillos de arena blanca del fondo y el divertido movimiento de nuestros pies luchando para no hundirnos. Entonces es el momento de tumbarnos y flotar sobre el agua, extender los brazos y sumergir nuestras orejas bajo el agua. Que sólo se oiga el movimiento del agua (si la presencia cercana de un motor de barco no lo impide). Autismo total, consciencia única de nuestro cuerpo. Única preocupación, no hundirnos, contar nubes (si las hay). Perderse en la inmensidad del cielo azul. Escenario ideal para vaciar nuestra mente y sentir, por un momento, que estamos fuera del mundo. Sin sentirlo, sin ver como todo da vueltas, sin saber donde estamos, porque el cielo es igual en todos lados.


No es que sea la canción más adecuada para ello, pero sí otra de esas canciones de "no pensar". Otro caramelito de baile ligero y refrescante que ocupa mi mente a momentos, que conozco desde hace casi un año. Un dúo californiano que por fin ha publicado su disco de debut, con el que siguen con las mismas ganas de hacernos bailar que sus aperitivos prometían. Muchas influencias ochenteras, electrónica sutil y ligera y unas melodías dulces y pegadizas son la receta con la que nos intentan conquistar, aunque sus mejores temas siguen siendo los que ya nos hicieron conocer antes. Como esta que, además, viene acompañado de un original vídeo. Que la disfrutéis.


sábado, 17 de agosto de 2013

Pumpin' blood - NONONO

Agosto. Cerebro blando, calores, medio país disperso en vacaciones, ganas de no hacer absolutamente nada. Mallorca, tranquilidad, comida de mamá, Mediterráneo. Baños hasta que se arrugan las manos en aguas cristalinas de fondo verde rodeada de pinos. Horarios desplazados, caza de perseidas, Anna Karenina en la tumbona del patio, día y sobretodo noche, vida al aire libre. Reencuentros y amigas que siempre están ahí. Bikini, vestidos, sandalias y shorts. Desconexión absoluta. Felicidad.



Y obviamente como no podía ser menos, mi lista de canciones de este verano, para quien le apetezca suscribirse. Como siempre, canciones de este año y de anteriores, descubrimientos festivaleros, delicias pop, temas para bailar allá donde sea y también para relajarse bajo las estrellas. Un poco de todo, canciones ligeras y frescas como el gazpacho de mi madre que no falta ningún día, como la horchata de la tarde. Alguno de los cuales iré pasando por aquí a lo largo de esta semana, para que podáis escoger vuestro favorito.

Como esta con unos silbiditos a los que es imposible resistirse, una canción para llevársela a todo volumen en el coche de camino a la playa, como alguien que pulula por aqui dijo en una ocasión. Fresca y bailonga, que entra a la primera, sin pretensiones más que hacernos sonreír y transmitirnos buen rollo a raudales. De una banda debutante que poco a poco va asomando la cabecita con canciones como esta, cien por cien infalible. Espero que os guste.

viernes, 9 de agosto de 2013

Especial Low Cost (III): Domingo / It's my cheating heart that makes me cry - Glasvegas

A punto estuve de contar todo lo del domingo del Low cost en la entrada anterior, pero la densidad de todo lo explicado el sábado bien merecía un post por sí solo. Tercer día de festival, la jornada que iba a ser un poco más tranquila, el cansancio era más que patente y ralentizó todos nuestros movimientos durante el día. Una comida exquisita y una larga siesta en la playa ayudaron a sobrellevarlo mejor, aunque mi voz se había quedado definitivamente en algún punto del recinto del Low cost, el "drama" de cada festival, ninguna novedad.

Entrada al recinto y primera parada, Glasvegas. Un grupo que me habían hecho conocer hace ya unos años y que por alguna razón no acabó de engancharme en sí mismo, incluso la escucha semanas antes de su disco me dejó un poco indiferente. Aún así tenía mucha curiosidad por verles en directo, y un comentario favorable de Sabino hizo que me animara a hacerlo. De hecho se medio solapaba con mis queridos L.A., por lo que tenía decidido irme a mitad de concierto si me aburría. Pero finalmente me quise quedar a ver el concierto entero. Porque sí, fue toda una sorpresa, un concierto de los que no te esperas que te llegue tanto y de esos tras los que quieres escuchar en disco al grupo en sí con otra perspectiva. Aún con las desafinadas de James Allan, desde la primera canción se mostraron enérgicos instrumentalmente y con un puntito de épica que me ganó a los pocos minutos. En un escenario principal mucho más tranquilo que los días anteriores, consiguieron metersenos a todos en el bolsillo con una ejecución muy efectiva de sus temas, aún notándose el bajón que suponen los de su segundo disco, y presentando algún que otro nuevo tema que no suena nada mal. Porque sí, su disco es el primero, homónimo, del año 2008, y en él es donde están las canciones que nos calaron a todos y nos metieron en su atmósfera. Como este "It's my cheating heart that makes me cry" que por una extraña parecí reconocer como de haberlo escuchado hacía mucho tiempo y que sin ser el más significativo recuerdo haber disfrutado mucho en directo. Un concierto del que guardo un gratísimo recuerdo y con el que la banda se ganó mi cariño.


Tras errar en el horario de L.A. y pegarme la carrerita para sólo enganchar el final "Outsider" y quedarme un poco frustrada, volví al escenario principal para el concierto de Love of lesbian, el único que ofrecían este verano en un festival. Un concierto que prometía ser de dos horas (como los que llevan haciendo en sala) y para el que el escenario se llenó de miles de jóvenes fans con un comportamiento un tanto molesto algunos,  de ellos, algo que desde el minuto cero me causó un cierto malestar que no pude evitar arrastrar el resto del concierto. Los que me conocéis sabéis que siempre he defendido a Santi Balmes y los suyos, que son una de mis bandas españolas favoritas y que les he visto en directo en contadas ocasiones. Quizás por el efecto de una mal llevada popularidad que les ha llevado a adulterar uno de sus mejores temas del último disco para el patético anuncio de cerveza de turno de este año no vi sobre el escenario lo que estaba acostumbrada a ver. Porque si uno de sus mayores potenciales era el directo, al menos en el festival demostraron que poco queda de aquello. Porque sonaron totalmente lineales, planos, todos los temas iguales, los movidos iguales que los más íntimos, sin crear más atmósfera que la que los cánticos de todos los asistentes creaban. Con una fila instrumental con el volumen bajado y casi desganada, sólo se escuchaba a Santi cantar. Quizás tuvieron un mal día, quizás la tecnología no estuvo de su lado y tuvieron algún problema, eso nunca lo llegaré a saber, aunque a muchos sí que gustaron por lo que he podido leer en diferentes crónicas. No lo pasé mal, siempre es un placer corear esas canciones que me sé de memoria y que me llegan al alma, aunque se centraron demasiado en sus dos últimos discos, incluso con algún patinazo en la selección de los temas. Pero me dejaron un sabor de boca bastante agridulce que me quitó las ganas de no volver a verles en directo en un tiempo. Una lástima.

He de decir que la última media hora de concierto no la vi porque tocaban uno de los grupos que más ganas tenía de ver, Toy. La banda inglesa que fue mi gran debut del pasado año tiene un estilo musical que en sí es difícil de llevar al directo. Pude estar casi en primera fila por el escaso número de personas que les presenciamos, eso sí, todos metidos de pleno en la atmósfera sonora con la que nos embadurnaron desde la primera canción, una atmósfera potente pero que peligraba hacer sonar todas las canciones igual. Algo que a momentos sí ocurría pero que no nos dejó con esa sensación final. Porque su concierto me transmitió sensaciones diferentes a las que me transmite el disco, más intensas quizás, que también disfruté. Muy concentrados en su sonido y procurando construir ese muro sonoro, fueron repasando todos los temas de su disco, que me hizo mucha ilusión escuchar. Una propuesta muy interesante en un concierto que me recordó a los pequeños conciertos del Primavera Sound (cosa que disfruté), que quizás por su dificultad aún les queda por pulir algo en directo pero muy prometedora.



Tras reunirnos otra vez decidimos quedarnos sentados a escuchar a Standstill, sobretodo por las ganas de Naiara de verles en directo. Mi recuerdo reciente del Cruïlla no me motivaba mucho a quedarme, todo sea dicho. Pero, cosas que pasan, lo que sentí fue muy, muy diferente. Quizás porque por fin escuché en directo "Adelante Bonaparte" y la preciosa "Por qué llamas a estas horas?" cuando ya estábamos a punto de irnos, quizás porque sacaron toda su potencia sonora y nos dejaron con la boca abierta, quizás porque la voz de Enric Montefusco estaba en plena forma. Fuera lo que fuera, nos quedamos y lo que vimos fue algo grande. Potente y sonoro pero melódico, experimental pero envolvente, finalmente me convencieron, sí, finalmente pude constatar lo que se me había dicho de que son muy buenos en directo. Una gran sorpresa y un gran final para el Low Cost.

Un festival que podría definir sus sensaciones generales como sorpresa. Tanto por muchos de los conciertos que presencié, que lo fueron, como para el festival en sí. Aún con algún aspecto a mejorar (como el tema baños, demasiado escasos para los que éramos), su carácter pequeño pero de grandes nombres en el cartel, su grandísima comodidad (sin grandes desplazamientos, lo que se agradece y mucho) y su buen ambiente, diverso, entusiasmado y distendido lo convierten en una muy buena propuesta festivalera para el verano, de excelente relación calidad-precio y a tener en cuenta para próximos años. No aseguro que repita, pero si se presenta un cartel tan bueno como el de este año en otra ocasión, quizás no tendré que pensármelo tanto. Aunque guardo tan buenos recuerdos de estos días, tanto musicales como extramusicales, que puede que todo sea una sensación sesgada. Sea como sea, fueron tres días muy, muy grandes, un fin de semana inolvidable en excelente compañía.